25/02/2026
En muchas ocasiones, la conducta es el producto final pero el desencadenante tiene su raíz en el sistema nervioso.
La desregulación sensorial ocurre cuando el sistema nervioso tiene dificultades para modular, discriminar o integrar adecuadamente la información sensorial (Ayres, 1972; 2005). Luces, sonidos, movimiento, temperatura, contacto, sumado a las demandas sociales y a la incapacidad de inhibir dichos estímulos que llegan a la vez y con la misma intensidad, hace francamente imposible controlar nuestro estado fisiológico y por lo tanto responder como se espera.
Cuando hay una sobrecarga sensorial podemos observar irritabilidad, huida, lucha, bloqueo, desconexión, evitación, dificultad para acceder al lenguaje…
La evidencia en procesamiento sensorial, especialmente en población autista, señala que la regulación suele requerir intervención desde abajo hacia arriba (bottom-up), es decir, a través de la experiencia sensorial y corporal, antes que exclusivamente mediante estrategias cognitivas (Schaaf et al., 2014; Dunn, 1997).
Por eso, antes de exigir flexibilidad o control emocional, conviene valorar:
▪️Nivel de activación fisiológica
▪️Carga sensorial acumulada
▪️Demandas ambientales
▪️Estado corporal
En Mi Tribu acompañamos a familias que sienten que “algo más” está pasando detrás de la conducta. Valoramos el perfil sensorial de cada niñx y diseñamos intervenciones individualizadas desde terapia ocupacional basada en evidencia.
Cuando entendemos el sistema nervioso, cambia la mirada y la forma de acompañar.