28/07/2024
La muerte y la vida de mis hijos.
La noche del 28 de julio, una vez más me dispongo a revivir la noche más dolorosa de mi vida, una vez más estoy solo.
Hace calor, por la ventana abierta escucho el paso de algún que otro coche, en la radio, de fondo un jazz indeterminado. Igual que aquella primera noche del 28 de julio, la que pasé con el cuerpo de la que fue mi hija, más conscientemente solo que jamás me había sentido.
Con el amanecer comenzó algo interminable: la acción de consolar, de apoyar, de salvar a los demás, de olvidarme de mí mismo.
No puedo decir que haya durado hasta hoy, pero quizás sí sea exactamente así, esta tarde ha sucedido algo.
Esta tarde ha sucedido algo que a falta de otra palabra llamaré mágico y que ha movido algo muy dentro de mi:
A media tarde de repente ha venido corriendo mi hijo, me ha abrazado muy fuerte y ha apoyado su cabeza en mi corazón. - Papá, sé que estás triste hoy - me apretó más fuerte - sé que hoy es el día de Natalia - añadió.
No supe que decir ni pude, lo abracé fuerte también y le besé la cabeza dejando un par de lágrimas en su cabello.
Así estuvimos un rato, abrazados, en silencio, sentía que lloraba en silencio y creo que él sabía que yo también. Al cabo de unos minutos o una eternidad, no sé, levantó la cara y me miró, los ojos y el rostro húmedos, -Papá, ¿puedo preguntarte una cosa? - - Siempre - le respondí – Si no se llega a morir Natalia ¿estaría yo aquí? – preguntó.
Tuve que hacer un esfuerzo para recuperar mi voz. – Claro que sí – logré decir, no me imagino la vida sin él, pero eso no se lo dije. – Pero Natalia tuvo otra mamá y sería mucho más mayor que yo – añadió preocupado. – A lo mejor serías hijo de Natalia y yo tu abuelo – dije sin pensar. Stefan se quedó pensando, - y si Natalia no quería tener hijos, ¿Qué sería de mí? – Claramente seguía preocupado acerca de su lugar en mi vida – Te habría tenido como sea, eres mi hijo – dije desde el corazón. Le sirvió, lo noté, nos quedamos un rato abrazados y decidimos bajar a la piscina.
Esta noche de 28 de julio estoy solo pero ya no lo estoy.
Creo que mi hijo me ha enseñado una lección de vida, justo ahora cuando mi madre se está muriendo, cuando él acaba de perder a su otra abuela, cuando el otoño pasado reuní el valor para hablarle de su hermana mu**ta.
Este año he aprendido mucho, todavía lo estoy masticando, todavía estoy buscando las palabras, pero sé que es así.
Natalia y Stefan, os quiero como nunca querré a nadie.
Un beso, papá.
Alicante, 28 de julio del año 2024