29/01/2026
Hubo un día en el que dejé de buscar respuestas. No porque las tuviera, sino porque el ruido interno ya no me dejaba escucharme. Cerré la boca, bajé la mirada y dejé que el silencio hiciera lo que yo no había podido.
En ese silencio aparecieron las grietas. No como amenazas, sino como marcas. Cada una contaba una historia, una renuncia, una espera demasiado larga. No eran heridas abiertas, eran cicatrices que todavía pedían ser reconocidas.
Por primera vez no quise arreglarme. Me quedé así, incompleto, sin narrativa bonita, sin cierre inmediato. Solo yo frente a lo que quedó después de intentar demasiado tiempo ser fuerte.
Ahí entendí que sanar no siempre es reconstruirse. A veces es quedarse quieto, mirarse sin juicio y aceptar que incluso roto, sigo siendo suficiente para seguir existiendo.