20/01/2026
Estos días el dolor ha irrumpido de una forma abrupta y desgarradora.
Una catástrofe ferroviaria que nos recuerda, sin avisar, lo frágil que es la vida y lo profundamente interconectados que estamos.
A las personas heridas, quiero decirles algo muy sencillo y muy importante: "vuestro cuerpo y vuestra mente están haciendo lo que pueden para sobrevivir a algo que nunca debió ocurrir". El miedo, la confusión, la rabia, el llanto inesperado o incluso el bloqueo no son signos de debilidad, son respuestas humanas ante una experiencia extrema. No hay una forma “correcta” de sentirse después de algo así.
A quienes han perdido a un ser querido, no hay palabras que puedan reparar esa ausencia. Lo lamento desde lo más profundo de mi corazón y vuestro dolor aunque no sea por pérdida de personas de mi círculo cercano no me resulta ajeno ni indiferente. Ojala que os permitáis sed valientes y no abandonaros para permitiros sosteneros en otros cuando las fuerzas falten. Dejaros cuidar también es una forma de amar a quien ya no está.
Y en medio de esta devastación, algo profundamente valioso ha vuelto a aparecer: "la humanidad".
Personas que corren a ayudar sin preguntar, profesionales y voluntarios, organizaciones y ciudadanos anónimos, manos que sostienen, miradas que acompañan, silencios respetuosos. Esa humanidad no borra el daño, pero sí recoge, sí sostiene, sí evita que el dolor se viva en soledad.
Como psicóloga sanitaria, quiero compartir algunas formas concretas y útiles de ayudar a quienes ahora están en una situación de extrema vulnerabilidad:
--Escucha sin intentar arreglar. No busques palabras perfectas. A veces basta con un “estoy aquí” y presencia real.
--Respeta los ritmos. Hay quien necesita hablar y quien necesita silencio. Ambas cosas están bien.
--Evita frases hechas como “sé fuerte” o “el tiempo lo cura todo”. No ayudan y pueden aumentar la sensación de incomprensión.
--Ayuda práctica: ofrecer llevar comida, hacer gestiones, acompañar a una cita médica o cuidar de los niños puede ser un enorme alivio.
--No minimices las reacciones emocionales. El insomnio, la hipervigilancia, el llanto o la desconexión son respuestas normales tras un trauma.
--Cuida también de quienes ayudan. El impacto emocional alcanza a familiares, intervinientes y voluntarios. Nadie es de piedra.
Hoy más que nunca, recordemos que la verdadera fortaleza humana no está en no romperse, sino en sostenerse unos a otros cuando algo nos rompe.
Que esta humanidad que estamos viendo no sea solo una respuesta a la tragedia, sino una forma de estar en el mundo, especialmente cuando más falta hace.
Mi respeto, mi acompañamiento y mi profundo reconocimiento a todas las personas afectadas y a quienes están cuidando.
Seguimos. Juntos.