16/01/2026
A menudo pensamos en los psicólogos como las personas que escuchan, analizan y acompañan. Como quienes están ahí para sostener al otro cuando duele, cuando pesa o cuando se desordena todo por dentro. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en quiénes son las personas que están sentadas al otro lado.
Detrás del sillón, del cuaderno o del silencio atento, hay personas. Personas que también sienten, que también se emocionan, que han vivido pérdidas, miedos, dudas y procesos propios. Personas que han tenido que mirarse por dentro para poder acompañar sin invadir, escuchar sin juzgar y sostener sin romperse.
Los psicólogos no tienen respuestas mágicas ni vidas perfectas. Tienen formación, sí, pero sobre todo tienen sensibilidad, ética y un profundo respeto por la historia de quien se sienta frente a ellos. Cargan con relatos que no son suyos, con palabras que pesan, con silencios que hablan. Y aun así, eligen quedarse, escuchar y cuidar.
En Centro Amare, los psicólogos no solo trabajan con la mente, sino con la persona completa. Con su ritmo, su historia y su contexto. Saben que sentarse al otro lado implica responsabilidad, presencia y humanidad. Implica saber cuándo hablar y cuándo callar, cuándo acompañar y cuándo dejar espacio.
Porque al final, la terapia no es solo un proceso profesional: es un encuentro entre personas. Y quizás ahí reside lo más valioso: en que quien está al otro lado no es alguien distante, sino alguien dispuesto a caminar contigo mientras aprendes a caminar contigo mismo.