14/11/2025
Hoy les traigo este video de . Que es una auténtica maravilla.
Hay personas que comen para no sentir. Otras recurren a sustancias para escapar de sí mismas. Y luego estamos quienes no paramos jamás: quienes llenamos cada minuto de tareas, proyectos, obligaciones y productividad… como si movernos sin descanso fuera la única manera de no quedarnos solos con nuestros pensamientos.
Trabajar en exceso también puede convertirse en una forma de evitación. Una manera silenciosa —y socialmente aplaudida— de tapar aquello que duele. Porque cuando te detienes, aparecen las dudas, las heridas viejas, las emociones que no sabes dónde colocar. Y tu mente, buscando protegerte, te empuja de nuevo hacia la carrera: haz más, produce más, no pares… no sientas.
Pero vivir así desgasta. Un cuerpo que no descansa se rompe, y una mente que no siente se endurece por dentro. No se trata de falta de fuerza; se trata de exceso de carga. De intentar sobrevivir a base de exigencia, cuando lo que realmente necesitas es espacio, descanso y escucha interna.
¿Cómo empezar a salir de ahí?
🔹 1. Haz pausas pequeñas pero reales.
Detenerte 5 minutos al día para respirar y sentir cómo estás puede parecer insignificante, pero es el primer paso para romper el piloto automático.
🔹 2. Nombra lo que estás evitando.
Pregúntate: ¿qué miedo, emoción o dolor aparece cuando paro? Ponerle nombre reduce su poder y aumenta tu capacidad de manejarlo.
🔹 3. Practica actividades que no tengan objetivo.
Leer por placer, caminar sin rumbo, dibujar, escuchar música… acciones sin “productividad” que entrenan a tu mente a no vivir siempre en modo rendimiento.
🔹 4. Pon límites al trabajo.
No se trata de hacer menos, sino de recuperar tu vida fuera de él. Una hora al día sin pantallas, sin reuniones, sin prisa. Una hora para ti.
🔹 5. Pide ayuda profesional si te sientes desbordado.
A veces la hiperexigencia tiene raíces profundas: trauma, ansiedad, vacío emocional. No tienes por qué enfrentarte a eso solo.
Parar también es trabajar.
Es trabajar en ti. En lo que sientes. En lo que eres.
Porque la vida no se mide por cuánto haces, sino por cómo te sientes mientras la vives.