11/01/2026
A veces la mejor decisión no entra en la vida como un aplauso,
entra como una herida.
Y no porque sea un error,
sino porque está arrancando algo que ya no podía quedarse.
En depresión y en ansiedad lo sabemos bien:
hay despedidas que se viven como un fracaso
aunque en realidad sean una forma torpe de supervivencia.
Alejarte de alguien que amas,
soltar una rutina que te calmaba,
romper un vínculo que ya dolía más de lo que cuidaba…
no es huir: es intentar respirar.
Nos han enseñado que si duele, es que está mal.
Pero a veces duele porque estás saliendo de un sitio
donde te estabas apagando en silencio.
Como dejar una casa que conoces de memoria
aunque se te esté cayendo el techo encima.
En pareja pasa mucho:
confundimos amor con aguantar,
lealtad con olvidarnos,
y miedo con compromiso.
Y luego, cuando por fin dices “hasta aquí”,
el cuerpo entra en duelo
aunque la cabeza sepa que era necesario.
Elegir lo sano no siempre se siente bonito.
A veces se siente solo, frío y lleno de dudas.
Pero quedarse donde no puedes ser tú
también es una forma lenta de perderte.
Si hoy una decisión te está rompiendo por dentro,
no te apresures a juzgarla.
Puede que no sea la peor.
Puede que sea la primera
que te está eligiendo de verdad.