06/01/2026
No soy una escritora famosa.
No salgo en suplementos culturales.
No me reconocen en el vecindario ni me paran en la frutería para decirme “oye, tú hiciste ese diario que me cambió la vida”.
Pero este año me he vuelto un poco sinvergüenza.
Y he decidido hablar de las cosas que hago, aunque no tengan focos ni aplausos.
Hago diarios terapéuticos.
Los escribo pensando en personas reales, con vidas reales, con días más o menos llevaderos y otros que solo se sostienen con café, respiraciones profundas y un “bueno, hoy tampoco pasa nada si no puedo con todo”.
Este diario llega firmado con amor.
Literalmente. A mano.
Y envuelto con muchísima suavidad, no porque quede bonito en Instagram (que también), sino porque así es como me gustaría que alguien me entregara algo cuando no estoy bien.
No promete cambiarte la vida en 3 días.
No te va a convertir en una persona zen antes del lunes.
No viene a exigirte constancia, disciplina ni iluminación espiritual.
Es un diario para escribir mal.
Para tachar.
Para repetir lo mismo veinte veces.
Para enfadarte, llorar un poco, cerrar el cuaderno… y seguir con tu vida.
Lo hago así porque creo profundamente que escribir puede ser un lugar seguro.
No una tarea más.
No una exigencia nueva.
Un sitio donde dejar lo que pesa sin tener que explicarte.
De momento, los envíos los estoy haciendo solo en España.
Sí, hay un pequeño extra por el envío.
Este diario también es perfecto para regalo.
De esos que no dicen “tienes que mejorar”,
sino “aquí tienes un lugar donde descansar un poco”.
Para una amiga, una hermana, alguien que quieres… o para ti, que ya bastante haces.
soy una gran editorial.
No tengo almacén.
Tengo manos, tiempo limitado
y muchas ganas de hacer las cosas con sentido.