22/03/2026
Hace años, mientras estaba en su casa haciéndole compañía, hablé con mi tía sobre las plantas que siempre llenaban su patio.
Aquella tarde me dijo que me llevara alguna, que le gustaría que el día que ella faltase una estuviera conmigo. Le respondí que ni se pensara en eso de morirse y que no tenía espacio en mi terraza, pero sí había una en concreto que siempre recordaba ver allí. Así que corté una rama, con la ilusión de poder trasplantarla y hacerla crecer en mi casa.
Durante un año la tuve en agua, en mi terraza, esperando a que echara raíces suficientes para, por fin, pasarla a una maceta.
Cuando mi tía murió, ni yo ni mis hermanos pudimos llevarnos aquellas plantas. Por espacio solo podíamos regarlas, cuando se daba la ocasión. Y me entristecía ver aquel patio, vacío ya de familia, pero aún lleno de vida; sus plantas, que de alguna manera seguían hablando de ella.
Rita, que conocía esta historia y también el cariño que mi tía sentía por esas plantas, se negó a que acabaran muriendo allí, llevándose consigo una parte de su legado.
Una tarde y en memoria de “su tía Juanita” decidió llevárselas, una a una, caminando hasta su casa, y desde entonces se ha dedicado a cuidarlas y devolverles la vida.
Hoy desayuno mirándolas, y es imposible no emocionarme. Vuelven a mí tantos momentos en aquel patio, en casa de mi abuela y de mi tía: los partidos de fútbol con una pelota de tenis, platos de filloas para merendar y mi tía “histérica” por los balonazos que aquellos niños le dábamos a “sus plantas”.
Hay personas que, de forma natural, te sostienen. Personas de corazón inmenso que, sin esfuerzo, desde el amor y el compromiso, son capaces de atar el tiempo y convertirlo en familia.
Tú eres una de esas personas, y me siento profundamente afortunado de tenerte a mi lado.
TQ❤️
Rita Piguillèm Serra