13/03/2026
Recuerdo uno de mis primeros inipis, cuando todo era tan mágico, desconocido y a veces aterrador. La oscuridad, el calor, la falta de espacio… todos los elementos externos eran los que me superaban. Estaba excitado y asustado a partes iguales; tenía miedos absurdos, como el de parecer débil si me tumbaba, el de parecer “poco indio” si no cantaba bien o no conocía los cantos, o poco espiritual o profundo si no tenía ningún rezo que elevar.
En ese inipi recuerdo que había mucha gente, y a mí me tocó sentarme detrás de una persona que llevaba ceremonias con su propio pueblo. Entre la segunda y la tercera puerta, mi cuerpo ya no podía sostener más calor; mi espalda gritaba tan solo con el sudor, mi aliento exhalaba fuego y mi cabeza ya no sabía bien dónde estaba. Le pregunté a esa persona: “¿Cómo haces para no quemarte?”. Su respuesta no podía ser más sencilla, corta, contundente y acertada: “Tienes que rezar; concéntrate en rezar y el resto dejará de importar”.
Aún hoy en día recuerdo esa frase. Habrán pasado diez o quince años desde aquello, quién sabe. Los inipis a los que he entrado posteriormente no han perdido ni una pizca de la magia que sentí, pero he cambiado el miedo por el respeto y lo desconocido se ha vuelto un poco más amable. Quizá yo también sea un poco más amable; quizá haya aprendido a rezar; quizá también sea otra persona distinta, sin tantos prejuicios, la que entra.
Tunkasila,
desde el vientre de la Madre Tierra,
oro por tu protección
en los momentos de vulnerabilidad.
Oro por encontrar las palabras y los silencios
cuando de mí se requieran.
Oro, rezo, te hablo, te imploro,
porque en el rezo encuentro la paz,
la quietud y la gratitud
que me permiten seguir luchando.
Mitakuye Oyasin
David – Equipo de organización Camí del Cor 💓