08/02/2026
Y llegó el momento anhelado, por ley de vida, por necesidad, mi hijo tiene una plaza para independizarse. Y en lugar de sentir alivio, alegría, lo afortunados que somos, el dolor me invade. Un dolor profundo, que duele físicamente, emocionalmente contradictorio, que me dificulta la respiración, que me vacía y que no me puedo explicar. Se activa irremediablemente esa parte del cerebro donde la razón no encuentra lugar. Mi hijo no va a desaparecer, pero no puedo evitar que me invada algo más profundo y desgarrador que una tristeza.
Aceptar todas las dificultades y limitaciones que traía mi hijo a la familia, vivir esta experiencia en su luz y su sombra y agradecer todo lo que ha aportado no ha sido facil.
Desde que mi hijo nació, he estado procesando duelos. Aceptar que no hablaría, no andaría, no masticaría, no evolucionaría, no entendería...
Pasar del cochecito a una silla de ruedas. Visitar un centro y ver el futuro que nos esperaba contemplando niños que estaban en el suelo, que no hablaban, no corrían, ni entendían. No me permití fantasear que una inclusión era lo mejor para él, us que solamente lo hubiera sido para hacer mi duelo más llevadero.
Ha sido absolutamente agotador y estoy cansada de luchar con los papeles, recursos y los protocolos. A mis 62 años lo que anhelo es paz, libertad y vida.
Sé que cuando de aquí a poco visite la residencia que nos adjudican, me va a gustar y que sentiré mucha rabia porque no voy a poder frenar lo que irremediablemente se avecina. Mi hijo de un día para otro va a ver como desaparecen sus amigos, sus referentes, sus cuidadores y no se lo voy a poder explicar ni va a poder entenderlo. Yo me encargo de mi dolor, de mi vacío, de mi vida, pero ¿Cómo va a hacer él su duelo?
Mi libertad, mi alegría y mi destino duele y empezar una nueva vida duele. Con la inestimable presencia y soporte de su padre Lluís y su hermano Sergi, sé que estos momentos difíciles van a ser más llevaderos.
También Arturo, Mariana, Albert, Maria Rosa y Flora, sus abuelos, están conmigo desde la luz acompañándome, conectados con algo más sagrado.
Acepto lo que la vida me trae y decido abrirme a de dolor que tambien forma parte de la vida.