16/02/2026
Cuando un niño recibe malos tratos, no solo sufre en el momento.
Aprende a verse a sí mismo del mismo modo en que fue tratado.
Las palabras, los gestos y las miradas que lo rodean se convierten poco a poco en su propio espejo interno.
Y así, la desconfianza, la dureza o la sensación de no ser suficiente dejan de venir de fuera… y empiezan a vivirse desde dentro.
Esto no ocurre porque el niño “lo crea” conscientemente,
sino porque el sistema nervioso aprende quién es uno en relación con cómo es tratado.
Por eso, muchas personas adultas siguen sintiéndose defectuosas, inseguras o poco valiosas sin saber de dónde viene esa sensación.
No es una falla personal.
Es una historia aprendida en vínculo.
Y lo que se aprendió en relación, también puede transformarse en relación.