23/02/2026
Punch no es solo una imagen tierna que se volvió viral. Punch es un sistema nervioso pequeño tratando de entender por qué su mundo desapareció. Cuando un bebé es separado de su figura de apego, no vive solo tristeza; vive una tormenta biológica. Su cuerpo libera cortisol, su corazón late más rápido, su cerebro entra en estado de alarma. No sabe que “todo estará bien”. Solo sabe que la presencia que regulaba su miedo ya no está. Y en ese vacío, el organismo hace lo único que puede: sobrevivir.
Por eso nos conmueve verlo apoyado en un peluche. Porque entendemos, aunque no lo pensemos en términos científicos, que está buscando algo que lo calme. Los bebés no se autorregulan; se regulan en brazos, en miradas, en voces. Cuando esos brazos faltan, el sistema nervioso queda sin ancla. La amígdala se vuelve más sensible, el cuerpo aprende a vivir en alerta, y esa experiencia puede quedarse inscrita en la arquitectura del cerebro en desarrollo. El abandono temprano no es solo una herida emocional; es una experiencia que moldea circuitos, respuestas, formas de vincularse.
Y como Punch, miles de bebés y niños humanos cargan silenciosamente el trauma del abandono materno o paterno. Algunos fueron físicamente dejados. Otros crecieron con padres presentes pero emocionalmente ausentes. Algunos aprenden a no pedir. Otros gritan, se oponen, se distraen, “fallan” en la escuela. Pero debajo de la conducta hay algo más profundo: un sistema nervioso que aprendió que el mundo no siempre es seguro. Lo que a veces llamamos problema de conducta puede ser, en realidad, una estrategia de supervivencia.
Nos conmueve Punch porque despierta nuestra empatía más primitiva. Nos recuerda que todos nacemos necesitando vínculo. Que nadie se regula solo al inicio de la vida. Que la seguridad emocional no es un lujo, es una necesidad biológica. Y también nos recuerda algo esperanzador: el cerebro es plástico. Lo que fue herido en relación puede comenzar a sanar en relación. La presencia constante, la mirada que valida, la terapia basada en apego, la escuela que comprende, el adulto que decide quedarse… todo eso también deja huella en el cerebro.
Punch nos muestra el dolor del abandono. Pero también nos invita a preguntarnos cuántos niños hoy necesitan menos juicio y más sostén. Porque detrás de cada conducta difícil puede haber un pequeño sistema nervioso que todavía está esperando brazos.
Dra. Fermina L. Román – Psicóloga