25/01/2026
“¿Cómo vas? Estoy a punto de tirar el arroz”
Basta una pregunta cotidiana de domingo para sentir la alegría de compartir mi vida contigo.
Mientras yo me sumerjo en el mundo de las palabras, tú te ocupas de crear alimento para nuestras barrigas.
¿Sabes lo que es esto para una mujer que se acostumbró a poder sola? ¿A desconfiar de la ayuda? ¿A elegir la fortaleza antes que la suavidad?
No sé qué nos depara la vida, pero con el tiempo hago más doble click a momentos. Y los alargo en el pecho.
Basta un ¿qué hacemos?, una mirada, o la mítica tuya “si te hago bromas es que ya no estoy enfadado” que capturo una foto. Por si me olvido de lo importante.
Si supieras.
Contigo la exhalación es más larga. La vida pesa menos. Las ganas de reír son cosquillas constantes en la barriga. Y las voces del “tendría que estar ayudando” patinan por mis hombros sin demasiada puntería.
Nos conocimos siendo patosos en el arte de construir un nosotros. Y aunque seguimos improvisando, nuestro compromiso se va alineando: Dos corazones dispuestos a desactivar la guerra de dentro para hacer ganar el bien común.
Bendita fortuna.
Parece que últimamente la vida nos regala situaciones constantes mientras ríe a carcajadas y nos pregunta: ¿Váis?
Qué decir… basta con escucharte gritar “estoy a punto de tirar el arroz” para salir de mi mundo y bajar a comer juntos.