26/01/2026
“Al principio de tu vida piensas en la jubilación como ese momento en el que vas a estar tranquilo, vas a disfrutar y hacer muchas cosas; en mi caso, planeaba lo que haría con mi mujer, así que ahorras y pospones cosas que te apetecen”...
Luis M. G. En su caso, se jubiló cuando le tocaba, es decir, a los 65 años recién cumplidos. Ahora tiene 72 y cuenta que todas esas cosas que se había imaginado pegaron un giro radical cuando se acercó el día de dejar definitivamente de trabajar.
“Siempre quisimos ir a Egipto porque, cuando nos casamos, era nuestro sueño; yo tenía 27 años y mi mujer, Marta, 24. Y, claro, en ese momento era imposible, estábamos empezando a trabajar y tampoco nos sobró dinero de la boda para pagárnoslo”, relata este informático, que trabajó 40 años como funcionario en Madrid.
Como alternativa, se fueron a Galicia, donde pasaron una semana estupenda pensando en las pirámides, e incluso leyeron alguna guía que tenían. Por eso, la jubilación parecía el momento perfecto para hacer realidad ese sueño, pero, como dice este jubilado, el escenario cambió.
El caso de Luis muestra como, a la hora de jubilarse, muchas personas viven un complicado debate interno entre gastar el dinero ahorrado (o de la pensión) o seguir ahorrando para sus hijos o familiares cercanos, a lo que se unen las incertidumbres propias del envejecimiento, como las relacionadas con la salud y la dependencia. A ese miedo por el futuro incierto y la inseguridad de no saber hasta cuándo les durará su dinero se añaden la subida de los precios y la incertidumbre global, política y financiera. Y todo ello ha creado un caldo de cultivo que ha hecho crecer la negatividad respecto al futuro.
El dilema de los jubilados entre disfrutar del patrimonio o ahorrar: “No queremos tocar el piso para que lo hereden nuestros hijos, y solo hemos viajado un fin de semana”🧐👇
La decisión de gastar, ahorrar o donar a los hijos al llegar a la jubilación es mucho más emocional que racional, según los especialistas, en un momento en que a la