26/04/2026
Practicar yoga me ha llevado a vivir diferentes experiencias: algunas más físicas, otras más sutiles. Es un viaje que inicié muy joven y del que espero seguir aprendiendo.
Siempre tuve facilidad para conectar con “lo no visible” por decirlo de alguna forma, cuando me sentaba a meditar sentía abrirse espacios internos luminosos y mi mente se calmaba. Al enfocarme en lo que estaba haciendo con intensidad, emergía una energía que sostenía mi intención.
Un día llevé esa cualidad a la práctica de āsana. Comencé a experimentar momentos en los que me sumergía en la postura hasta alcanzar una quietud que nunca hubiese imaginado. La respiración se estabilizaba, la mirada se hacía más profunda y se abría ese espacio interior luminoso de la meditación. Era como si toda la energía se reuniera y me sostuviera en ese punto.
En ese sostén, la respiración me guiaba a través de corrientes internas de energía.
Y en algún momento, los pensamientos comenzaban a disolverse. Se sentían lejanos, había menos ruido. Aparecía un silencio profundo, una quietud que no dependía de nada externo.
Hace años incorporé el uso de props —cintas, soportes— que me ayudaron a estabilizarme en la postura y a permanecer más tiempo en ella sin esfuerzo innecesario. Gracias a ello, profundicé en āsana dhāraṇā …un estado meditativo desde donde los nudos internos se suavizaban.
La sensación era la de recuperar espacios dentro de mí misma, de acercarme a una voz más consciente y conectada.
Isabel