14/02/2026
Por todos los amores que la historia quiso callar, por los cuerpos que no pudieron elegir, por los deseos que se escondieron en sombras y silencios; por los afectos regulados por normas invisibles que dictan qué cuerpos pueden amar, qué pasiones son legítimas y cuáles deben permanecer ocultas; por los amores que la ley, la moral y la sociedad intentaron someter, por los besos robados, los abrazos negados, las caricias vigiladas.
Por los amores de las personas mayores, cuyas pasiones se arrugan con la edad pero nunca mueren; por los cuerpos diversos, los géneros disidentes, las sexualidades que incomodan y los vínculos que desafían la norma; por quienes la historia persiguió: racializados, colonizados, criminalizados.
El amor no puede ser dictado ni prohibido. No es espectáculo, ni calendario, ni escaparate. El amor es un río que fluye donde quiere, un fuego que no se apaga ante la lluvia del mandato. El amor es elección, libertad y dignidad. Amar libremente no es capricho; es un acto ético y político, y también un acto espiritual: abrirse al misterio del otro, sentir el latido compartido de los cuerpos, reconocer la sacralidad del deseo y la fragilidad de la vida.
Celebramos la multiplicidad, la diversidad, la audacia de los afectos que resisten lo normado. Honramos a quienes amaron en secreto, a quienes resistieron, a quienes sostuvieron vínculos invisibles como hojas que se doblan sin romperse. Este manifiesto es para todos los amores invisibles, prohibidos, negados; para los cuerpos y deseos que se atrevieron a existir a pesar del mandato. El amor prohibido es resistencia, el amor no normado es memoria, el amor libre es justicia, y el amor espiritual es trascendencia: un canto que atraviesa la historia y el miedo.
Amar es valentía, amar es humanidad, amar es revolución. Amar es reconocer lo sagrado en la libertad de sentir, es tocar la eternidad en un instante, es desafiar los mandatos del mundo y sostener lo que importa.