04/02/2026
Paula había reflexionado mucho.
Pensaba que quizás lo que le ocurría tenía que ver con el miedo al conflicto.
Con la necesidad profunda de ser querida y tenida en cuenta.
Una identidad construida sobre la idea de “valgo si aporto y soy útil” la llevaba inconscientemente a una frustración constante.
En su cuerpo aparecía una inquietud.
Una sensación incómoda, intermitente, que pudimos explorar juntas sin prisa y sin la urgencia de llegar a ninguna conclusión.
Solo sentir, acompañar, escuchar.
La información que fue emergiendo hablaba de algo muy antiguo:
“Están enfadados, tengo que hacer algo”.
Hacer algo para que esa angustia desaparezca.
Para que todo esté bien.
Muchas veces construimos nuestra identidad a partir de conclusiones nacidas de lo sentido en momentos pasados.
Incluso cuando aquello que ocurría no tenía que ver directamente con nosotras, pero fuimos testigos.
El cuerpo recuerda.
Y cuando se le da espacio, también muestra caminos de comprensión y cuidado.