30/04/2026
Es muy dificil distinguir entre renunciar y privarse. En el cristianismo, la renuncia es una práctica fundamental, por la que se accede a una nueva dimensión de la vida. En la renuncia, se gana mucho más que lo que se pierde. Mientras que la privación es una restricción (cuyo fundamento suele ser la envidia no elaborada).
En el 2005 me compré un CD en la Bond Street para escuchar una sola canción en modo repeat: “Partir y renunciar”, de Rosario Bléfari, que en una parte dice: “Partir y renunciar, sabiendo que esta vez, vos no sos mi fiesta”. Creo que era un disco de una película, no me acuerdo, solo escuchaba esa canción.
Renunciar sin sentirme privado, sin adoptar una actitud anoréxica, decir que no, con fuerza, eso quería yo en ese momento. La canción me ayudó. Y la lectura de este ensayo me hizo recordar esos años, en que una derrota fue el mayor triunfo.
Freud decía que para vivir en sociedad era necesaria una renuncia pulsional. No dice castración, esa operación es muy diferente. Es renuncia, es decir(se) que no. Es el acto civilizatorio por excelencia.
Nuestra sociedad ansiosa, compulsiva, inmediata, no se lleva bien con las renuncias. Se habla de FOMO, de no querer perderse nada. A veces hasta no queremos perder lo que nunca ganamos. Y nos aferramos más fuertemente a lo que menos nos interesa. Solo no queremos dejarlo.
Nos aferramos más fuertemente a lo que no queremos perder que a lo que deseamos.