21/04/2026
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Como sabéis trabajo mucho con jóvenes y adolescentes, además de llevar a cabo un programa individualizado de Técnicas de Estudio para estudiantes que lo necesiten. Y hay algo que no deja de llamarme la atención en ellos, y es la falta de interés, comprensión y pausa en su manejo del día a día. Puedo hablaros de la falta de comprensión y síntesis cuando leen o estudian algo, puedo hablaros de la poca capacidad de espera, pero también puedo hablaros del desinterés a atender. Os hablo de situaciones en un aula en la que el joven pregunta algo (a ti), y cuando le estás respondiendo no es capaz de mantener la atención en tu respuesta, a los 10 segundos está diciéndole alguna chorrada al que tiene al lado.
Cada vez lo vemos más en consulta, en el aula y en el día a día: a muchos jóvenes les cuesta comprender en profundidad, sintetizar información, inferir… e incluso escuchar.
Y no, no es falta de inteligencia. Es un problema de cómo estamos procesando la información hoy.
Vivimos en una cultura de lo inmediato:
📱 contenido rápido
📱 mensajes breves
📱 estímulos constantes
Esto entrena al cerebro a “pasar por encima” de la información, no a detenerse en ella.
¿Qué está pasando entonces?
– Les cuesta mantener la atención el tiempo suficiente
– Procesan de forma superficial
– Les resulta difícil conectar ideas
– Se frustran cuando algo requiere esfuerzo mental
– Escuchan… pero no están realmente presentes
Y esto tiene consecuencias reales: en el aprendizaje, en las relaciones y en su forma de entender el mundo. Porque comprender no es solo “enterarse”, comprender implica pensar, relacionar, cuestionar y dar sentido.
¿Qué podemos hacer como adultos?
✔️ Fomentar conversaciones sin prisas
✔️ Hacer preguntas que inviten a reflexionar (no solo a responder rápido)
✔️ Dar espacio al silencio y a la elaboración
✔️ Limitar la sobreexposición a estímulos constantes
✔️ Entrenar la escucha activa (mirar, atender, no interrumpir)