08/01/2026
Cuando hablamos de obsesión o pensamientos intrusivos, no hablamos de “una mente que funciona mal”.
Hablamos de un sistema nervioso intentando reducir la incertidumbre.
Los pensamientos repetitivos suelen aparecer en contextos de miedo, inseguridad o falta de control.
No surgen porque quieras pensar eso, ni porque seas débil.
Surgen porque el cerebro busca una sensación de seguridad.
El problema es que pensar más no siempre calma.
De hecho, cuanto más intentamos controlar el pensamiento, más presente se vuelve.
No porque sea peligroso, sino porque le estamos dando una función que no puede cumplir.
La obsesión no es el problema en sí.
Es la estrategia que aparece cuando no hay otras formas disponibles de regular la ansiedad.
Por eso, el abordaje no consiste únicamente en “quitar el pensamiento”.
Consiste en entender qué miedo hay detrás,
qué necesidad de seguridad no está cubierta,
y qué mantiene activo ese bucle.
Cuando se trabaja desde ahí, cambia la relación con la experiencia:
menos lucha,
menos juicio,
más comprensión del propio funcionamiento.
Entender cómo funciona nuestra mente no elimina automáticamente el malestar,
pero sí abre un camino mucho más eficaz y compasivo para abordarlo.