31/05/2023
Uno de mis hijos fue a una excursión con el cole, en autobús, a otra ciudad.
(Ya no son pequeños, no hablamos de niños que han de ir con SRI o a contramarcha, cosa que SÍ habría que exigir en los autobuses escolares; pero sería motivo de otro post)
-Pero no vino X.
-¿Por qué?
-Porque tenía miedo de que le atropellaran o de que pasara algo en el autobús...
-¿Cómo? ¿Pero tenía miedo él o sus padres?
-No sé...
A los desplazamientos deportivos de otro de mis hijos nunca va un compañero si no le pueden llevar los padres en coche particular.
-¿Y eso?
-Pues sus padres tienen miedo de que pase algo y no estén ellos en la ciudad, o de que el conductor no haya dormido bien, o cosas así...
Yo trabajo en emergencias. Lo que significa que veo a diario todo tipo de muertes inesperadas por enfermedades o accidentes.
Hay enfermedades como arritmias, predisposición a trombos, aneurismas...que la gente ni siquiera sabe que tiene; y que causan muerte súbita de repente.
Y hay accidentes de todo tipo.
La mayoría ocurren en casa, en el trabajo o conduciendo vehículos particulares.
Y algunos son tan increíbles que justifican la frase que aprendí mi primer día de trabajo:
"Si ye pa ti, ni aunque te quites. Si nun ye pa ti, ni aunque te pongas".
Una cosa es evitar las NEGLIGENCIAS.
Es decir: no conducir bajo los efectos del sueño o de sustancias varias; cumplir las normas de tráfico (conductores de todo tipo y peatones); respetar las señales de riesgo en obras, mal tiempo y demás; respetar la seguridad laboral; etc.
Pero otra cosa es tener miedo continuo a morir o a que a nuestros familiares les pase algo.
Porque si ocurre, seguramente no ocurrirá cómo y dónde pensamos. Y no estará en nuestra mano evitarlo.
Y las probabilidades están a favor de que "justo eso" que tememos no ocurra.
Ocurrirá otra cosa que ni pensamos. Pero seguro que "esa" que tememos, no.
Así que,una vez evitadas las negligencias y tomadas las precauciones que se puedan tomar...
..creo que deberíamos VIVIR la vida a tope,cogiendo a dos manos todas las oportunidades que nos ponga delante.
Y meter nuestro miedo (muy legítimo y lógico) en un cajón del cerebro.
Porque el miedo excesivo nos impide vivir felices y de forma plena.
Y cuando se lo transmitimos a nuestros hijos, estamos creando niños inseguros y con miedo a muchas cosas de la vida diaria. Y que se pierden oportunidades.
Si con nuestro miedo y nuestras medidas extremas pudiéramos evitar para siempre los accidentes o las muertes de nuestros seres queridos...
Pero no podemos.
La vida trae accidentes, la vida trae muerte. Hay que asumirlo antes de encontrar pareja, antes de tener hijos.
Y si decidimos no suicidarnos por miedo a la vida, o tener amigos íntimos, o formar una familia, o tener hijos...tenemos que VIVIRLOS Y DISFRUTARLOS a tope. Mientras la vida nos lo permita.
Y si nos los arrebata, ya veremos lo que hacemos, cómo lo afrontamos o no lo afrontamos.
Pero mientras estemos vivos, hay que VIVIR.
Y a nuestros hijos hay que enseñarles a tomar precauciones, y a evitar negligencias y conductas de riesgo. Pero también a VIVIR a tope, felices, aprovechando oportunidades.
Atender a niños o adolescentes con miedo a vivir es muy duro.
Creo que los padres tenemos que darle una vuelta a nuestros miedos y a cómo los proyectamos o transmitimos a nuestros hijos.
Porque en el afán de protegerles de todo, cosa que es imposible, quizá les estemos privando de la posibilidad de vivir sus vidas con confianza y a tope.
Y suele ocurrir que los niños más temerosos acaban siendo menos ágiles, cometen más torpezas...y acaban "atrayendo la mala suerte" y tener más accidentes que los niños más intrépidos.
Y puede que su salud emocional y mental acabe más comprometida, con los riesgos que conlleva.