11/03/2026
En el camino del femenino, hay momentos que suceden de forma natural, sin buscarlos, sin forzarlos.
Encuentros entre mujeres donde simplemente nos dejamos ser.
Un gesto tan sencillo como acariciar las manos se convierte en presencia, en escucha, en sostén.
Y en ese instante recordamos que no estamos solas, que cuando una mujer se abre desde la verdad, las demás también pueden hacerlo.
No siempre hace falta hablar, ni entenderlo todo.
A veces solo necesitamos sentir que hay otra mujer al lado, acompañando, respetando, estando.
Y entonces algo se ordena por dentro.
El femenino se relaja, se reconoce, y vuelve a casa… en tribu, en vínculo, en conciencia compartida.
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