30/01/2026
Hay talleres en los que se pide ir sin niños.
Aluden que requieren silencio, atención, concentración.
Y lo entiendo… pero no lo comparto.
En mis talleres los niños son bienvenidos.
Todos. De cualquier edad.
Porque las familias con las que trabajo son familias completas.
Con bebés que maman, gatean o lloran.
Porque no siempre hay conciliación, ni red, ni posibilidad de dejarlos en casa.
Y porque aprender a cuidar, alimentar o acompañar no debería implicar excluir.
Sí, a veces hay ruido.
Sí, hay interrupciones.
Y aun así, el aprendizaje sucede.
He dado talleres con bebés mamando,
con niños gateando entre sillas,
con hermanos mayores que escuchan, miran y aprenden sin saberlo.
Y funciona.
Porque adapto la forma.
Porque acompaño desde la realidad.
Porque la vida no se detiene para formarse.
Y para mí, eso no resta valor al taller.
Se lo da.
Porque en mi vida los niños no sobran.
Forman parte.