14/01/2026
El rol del padre en el parto no es mirar.
Es sostener.
Sostener el ambiente.
Sostener la calma.
Sostener la intimidad para que el cuerpo de la mujer pueda hacer lo que sabe hacer.
Cuando una mujer está de parto, su cuerpo necesita sentirse seguro para liberar las hormonas que guían todo el proceso: oxitocina, endorfinas, calma, apertura.
Para que eso ocurra, ella necesita poder soltarse.
Y para soltarse, necesita a alguien que cuide todo lo demás.
Ahí entra la pareja.
Estar presente no es saber qué decir.
Es saber cuándo callar.
Es dar la mano.
Es proteger el espacio.
Es crear un refugio, primero en casa y después en el hospital, para que el parto pueda fluir.
Venimos de generaciones donde los padres no estuvieron.
Donde se quedaron fuera.
Donde nadie les enseñó cómo acompañar.
Y hoy muchos hombres quieren estar… pero no saben cómo.
Por eso acompañar también se aprende.
En la preparación al parto en pareja trabajamos ese rol:
el de quien cuida el ambiente,
el de quien sostiene cuando hay miedo,
el de quien sabe leer el proceso y ser los ojos y la voz de la mujer cuando ella está sumergida en su parto.
Acompañar es ocuparse para que ella no tenga que preocuparse.
Es conocer el proceso para saber qué necesita en cada momento.
Es convertirse, poco a poco, en una pequeña matronilla que camina a su lado.
Porque cuando el acompañamiento es consciente,
la mujer se siente segura,
el cuerpo responde,
y el parto se transforma.
Prepararse juntos cambia la experiencia.
Y deja huella para toda la vida.
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