03/02/2026
Comparas tu vida real
con vidas que no existen.
Te mides con personas que actúan.
Deseas cuerpos editados.
Envidias felicidades alquiladas.
Mientras tanto, tu tiempo se va.
Tu presencia se apaga.
Tu criterio se diluye.
Un dedo desliza.
Tu voluntad también.
Ahí aprendes a necesitar.
A competir.
A juzgar.
A sentirte menos.
Te vende abundancia
mientras te siembra escasez.
Te promete conexión
mientras te separa de ti.
Y casi sin notarlo,
empieza a sembrar distancia entre miradas que se entendían,
ruido entre corazones que vibraban igual,
dudas donde antes había afinidad.
Pequeñas grietas.
Malentendidos.
Comparaciones silenciosas.
No porque el amor falle…
sino porque la atención fue desviada.
No es una red social.
Es una fábrica de inseguridad.
Y lo peor no es Instagram.
Lo peor es que entras despierto
y sales más dormido.
En época de Platón
fue una caverna.
Hoy tiene logo.