20/02/2026
🧪 Agua de tratamiento: pH y dureza importan (y mucho)
Antes de pensar en el producto, piensa en el agua. Su pH y su dureza (calcio y magnesio) condicionan la estabilidad del caldo, la compatibilidad de las mezclas y la eficacia final sobre el cultivo. Un pH fuera de rango puede acelerar la degradación de algunos ingredientes activos; una dureza alta puede inactivarlos parcial o totalmente.
La regla general es medir y acondicionar. Un simple test de pH y de dureza permite decidir si conviene acidificar (para llevar el pH al rango de trabajo recomendado en etiqueta) y/o secuestrar Ca/Mg (ablandadores) para evitar precipitados y pérdidas de rendimiento. El acondicionador, siempre al principio, con el depósito a medio llenar y agitación.
No todo se acidifica ni vale cualquier mezcla. Hay familias de productos y micronutrientes que requieren ventanas de pH concretas o presentan incompatibilidades. Por eso, además de medir, es clave respetar el orden de carga y, ante la duda, hacer una prueba de jarra antes del tanque.
¿El resultado de cuidar el agua? Mezclas más estables, menos atascos, mejor cobertura y absorción y, sobre todo, que la dosis aplicada sea la dosis eficaz en campo.
Si quieres, revisamos el agua que usas en tu explotación y dejamos un protocolo sencillo (acondicionador, rangos de pH y orden de carga) para tus tratamientos.
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