30/06/2025
Para despedir junio
Voy a pensar en el bizcocho de limón de aquella tarde en casa,
en la tarta del cumpleaños, en la piscina con adolescentes riendo a carcajadas,
en los platos vacíos y los abrazos llenos.
Voy a pensar en los mensajes bonitos que llegaron después de cancelar el taller,
en el olor del café temprano, en las charlas eternas con mi madre,
en los cartelitos que escribo cuando me voy pronto a trabajar,
y en los lectores de mis reflexiones mañaneras que me responden con cariño.
Voy a pensar en el campo lleno de vida,
en la siesta breve del domingo,
en la charla con mi compi sobre todo y sobre nada,
que llena las mañanas,
y en los dulces compartidos.
Voy a pensar en la comida en La Chancha con mi buen amigo,
en las conversaciones con mis compis sobre el aire y el agua,
en las palomas que dejaron sus huevos en mi balcón sin pedir permiso,
y en la reunión con mi equipo,
que desborda ilusión por la psicología y contagia ganas de hacer bien las cosas.
Voy a pensar en el fin de curso,
en la selectividad,
y en los silencios vividos porque también ellos cuentan.
En los domingos de playa,
en el campeonato de vóley acompañando a Sara y a mi sobrino Hugo,
en las noches de pijamas de Marcos con sus amigos,
en las cenitas en el Biruji,
en las risas en Casa Manteca con mis amigos de siempre.
Voy a pensar en los mensajes de mis hermanos que llegan como bálsamo,
en mi madre preguntando si he comido,
en la música bajita que me acompaña mientras recojo lo vivido.
Y también voy a pensar en mis sobrinos Paulo y Roberto,
que me encanta verlos,
y que se han hecho mayores sin que yo me diera cuenta.
En los atardeceres en la Playa Victoria,
y en los inquilinos que disfrutan de Redo Home, haciendo suyo por unos días ese rincón cuidado con mimo.
Si dejamos que lo bonito tenga la última palabra, lo feo se diluye como sal en el mar.
Junio se va.
Y yo me quedo con todo esto.