23/04/2026
Hay límites que no se pueden traspasar.
En el contexto del cuidado —educativo, sanitario o terapéutico— la dignidad no es negociable.
Infantilizar a una persona, hablarle como si no comprendiera, ignorarla mientras está presente, decidir por ella o corregirla hasta hacerle sentir que no puede, no son detalles ni formas de trabajar. Son vulneraciones.
Y cuando esto ocurre, no hablamos solo de una mala interacción, hablamos de una mala praxis.
Porque cuidar no es solo aplicar una técnica. Es generar un espacio seguro, donde la persona se sienta respetada, reconocida y sostenida.
Cuando eso falla, se rompe la confianza, el vínculo y la seguridad de quien está siendo atendido.
Muchas veces estas situaciones se sostienen en el miedo: miedo a hablar, a señalar, a que haya consecuencias. Pero el silencio no protege.
Nombrar, comunicar y actuar sí protege.
No hay jerarquía, cargo o costumbre que esté por encima de la dignidad de una persona.
Y no, decir “es su carácter” o “trabaja así” no lo justifica.
La dignidad no se negocia.
La dignidad se protege.