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El 8 de marzo es el día de la Mujer Trabajadora.Y el trabajo del que hablamos no es solo el que aparece en la nómina.Hay...
08/03/2026

El 8 de marzo es el día de la Mujer Trabajadora.
Y el trabajo del que hablamos no es solo el que aparece en la nómina.

Hay cosas que no se pactan en una familia.
Simplemente se instalan.

A veces parece que las madres dejamos de ser una persona
y pasamos a venir en pack con nuestros hijos.
Como los yogures, que vienen en pack indivisible
y nadie se plantea separarlos.

Si hay un plan, vamos juntas.
Si hay una cita, también.
Si hay que mover un día de trabajo…
ya veremos cómo,
pero se da por hecho que lo moveremos nosotras.

Y mientras eso ocurre, al otro lado muchas veces no pasa nada.
No porque no importe.
Sino porque si alguien ya lo está pensando y resolviendo,
la vida del otro puede seguir intacta.

No se negocia la jornada.
No se interrumpe el trabajo.
No se descuadra la agenda.
No porque no pudiera hacerse,
sino porque no hace falta: alguien ya lo hizo antes.

Y no hablamos solo de pediatras o tutorías.

Hablamos de esa cabeza que siempre va dos pasos por delante
para que todo encaje.

De quién elige el disfraz.
Quién piensa el fin de semana.
Quién organiza las vacaciones.
Quién recuerda cumpleaños.
Quién guarda las fotos.

Quién carga con la responsabilidad silenciosa de que la familia
no solo funcione,
sino que tenga recuerdos bonitos cuando mire atrás.

No suele haber mala intención.
Pero las costumbres deciden quién carga más.

Nuestras criaturas son prioridad, claro.
Pero eso no debería convertirnos en la persona
a la que se le interrumpe la vida por defecto
para que la del otro siga igual.

Quizá también de esto habla el 8M:
de todo el trabajo que sostiene lo cotidiano
aunque casi nunca se nombre como trabajo.

Hay cosas que funcionan así durante años…
hasta que alguien se para y las nombra.

21/02/2026

ESTAR JODIDO NO TE DA EL CARNÉ DE JODER

Cuando alguien nunca se siente responsable de lo que hace,
cuando la culpa siempre es de la que se va, de la que denuncia, de la que rehace su vida,

matar es el último acto de ese desplazamiento de responsabilidad.

Y mientras el titular siga empezando por “mujer muere”
y la pregunta siga siendo “¿había denunciado?”,

seguiremos poniendo el foco en la estrategia de supervivencia de ella
en lugar de en la decisión de él.

La denuncia no mata.
La falta de denuncia tampoco.

Mata una decisión.

Y si no somos capaces de sostener eso sin buscar atenuantes tranquilizadores,
seguiremos hablando de prevención sin atrevernos a nombrar el núcleo.

La responsabilidad no está en lo que ella hizo para salvarse.
Está en lo que él decidió hacer.

Y en cómo lo contamos.

Soy psicóloga.Pero cuando mis hijos me cuentan sus problemas no estoy haciendo de psicóloga.Estoy haciendo de madre.Cuan...
17/02/2026

Soy psicóloga.
Pero cuando mis hijos me cuentan sus problemas no estoy haciendo de psicóloga.
Estoy haciendo de madre.

Cuando tengo que llevarlos a algún sitio no soy su chofer.
Soy su madre.

Cuando les compro algo no soy su banco.
Soy su madre.

Cuando les ayudo con los deberes no soy maestra.
Soy su madre.

Cuando los peino no soy peluquera.
Soy su madre.

Y no lo digo para romantizar nada.
Lo digo porque cada vez que escucho eso de
“hago de psicóloga”,
“parezco su taxi”,
“yo no soy su cajero”…
muere un gatito.

No porque no canse.
Cansa.
Y mucho.

Pero hay algo raro en hablar del cuidado
como si fuese un servicio que alguien te ha endosado
y no parte del vínculo que construyes cada día.

Ser madre o padre no es convertirse en experta en todo.
Pero tampoco es colocarse fuera cuando toca estar dentro.

Porque cuando empiezas a describir a tus hijos
como si fuesen usuarios de tus servicios,
el vínculo se vuelve trámite.
Y cuando se vuelve trámite,
pierde calor.

Eres su madre.
Y eso no es una profesión.
Lo es todo.

Hay relaciones que se sostienen porque prometen, no porque estén funcionando.Y la promesa, cuando no va acompañada de he...
01/02/2026

Hay relaciones que se sostienen porque prometen, no porque estén funcionando.

Y la promesa, cuando no va acompañada de hechos, se convierte en una especie de alquiler emocional que una parte paga y la otra habita.

Muchas veces no hay maltrato.
Ni gritos.
A veces lo que hay es alguien que no cuida —o que cree que cuidar es decir que algún día lo hará—
y alguien que se queda esperando a que ese día llegue.

Y mientras espera, se adapta.
Se explica.
Se hace pequeña en algunos lugares.
Pospone decisiones.
Recoloca expectativas.
Se dice “no es para tanto”.

Y no porque sea ingenua.
Sino porque la esperanza está sosteniendo el vínculo.

Lo complicado es que no estás soltando algo horrible.
Estás soltando una posibilidad.
Un proyecto imaginado.
Una versión de futuro que nunca llegó a existir del todo, pero que ocupaba mucho espacio dentro.

Y ahí hay un sesgo que vemos mucho:
mujeres brillantes sosteniendo vínculos mediocres porque aprendieron que comprender, dar margen y aguantar también era amar.
Como si revisar al otro fuese más importante que revisarse a una misma dentro de esa relación.

No hablamos de villanos.
Hablamos de responsabilidad.
Porque querer no es suficiente cuando no hay conductas que lo respalden.
Porque decir “voy a cambiar” durante años no es un proceso, es una prórroga.

Centrarse en una misma no es egoísmo.
Es dejar de invertir vida donde no hay reciprocidad real.
Es entender que el cuidado no se promete: se practica.

Y a veces el gesto más adulto no es seguir intentando que la relación funcione.
Es aceptar que no está funcionando…
y permitirte construir algo —aunque sea contigo—
que no te pida esperar eternamente para empezar a existir.

En los últimos meses hay algo que se repite con demasiada frecuencia. Lo vemos en redes, lo escuchamos en conversaciones...
15/01/2026

En los últimos meses hay algo que se repite con demasiada frecuencia. Lo vemos en redes, lo escuchamos en conversaciones cercanas y, sobre todo, nos lo traen personas que llegan a consulta después de haber pasado por otras terapias. No vienen diciendo que no se trabajó, sino que se trabajó mucho. Que hubo pautas, ejercicios, técnicas, registros, audios. Que hicieron todo lo que se les propuso. Y aun así, se quedaron con la sensación de que nadie terminó de entender qué les estaba pasando.

Desde ahí, nosotras hablamos de p*rn0 terapéutico, cuando observamos una forma de hacer terapia en la que el foco se desplaza. Poco a poco deja de estar en la persona que consulta y pasa a estar en el hacer del terapeuta. No tanto en comprender qué trae quien llega, sino en intervenir, proponer, pautar, aplicar. En mostrar que se sabe. La terapia se parece entonces más a un taller que a un espacio clínico, como si existiera una herramienta adecuada para cada emoción y una pauta correcta para cada malestar.

A menudo decimos en consulta que esto no es un taller y que no hay un destornillador emocional que funcione cada vez que algo duele, aprieta o desborda. No venimos a aprender a “gestionar” lo que sentimos como quien sigue un manual de instrucciones. No buscamos trucos ni recetas. Lo que necesitamos son recursos y desarrollar nuestras propias capacidades: entender qué nos pasa, por qué nos pasa y qué hacer con ello desde ahí.

El problema es que cuando la terapia se llena de herramientas demasiado pronto, el mensaje que recibe la persona es que su malestar hay que arreglarlo, no comprenderlo. Puede haber alivio momentáneo, incluso sensación de avance, pero si no hay un trabajo de sentido, lo esencial no se mueve. Escuchar de verdad implica ir despacio, tolerar no saber todavía, sostener el desorden del relato sin correr a cerrarlo. Y eso, muchas veces, confronta más a quien acompaña que a quien consulta.

Las pautas son al comportamiento lo mismo que las dietas a la alimentación.Durante un tiempo pueden parecer útiles. Dan ...
13/01/2026

Las pautas son al comportamiento lo mismo que las dietas a la alimentación.

Durante un tiempo pueden parecer útiles. Dan sensación de orden, de avance, de estar haciendo algo. A veces incluso funcionan… en apariencia. Pero no enseñan a escuchar lo que pasa por dentro ni ayudan a construir criterio propio.

Cuando en educación nos centramos solo en el “qué hacer”, dejamos fuera lo más importante: el para qué, el desde dónde y qué está necesitando realmente esa persona en ese momento.

Un niño no se desregula porque le falten pautas.
Una niña no se porta “mal” por no saber las normas.
Del mismo modo que nadie tiene una mala relación con la comida por desconocer qué es lo saludable.

Las conductas, como la alimentación, hablan. Señalan estados internos, historias previas, necesidades que no siempre saben expresarse de otra forma. Si solo intentamos corregir lo que se ve, perdemos la oportunidad de comprender lo que sostiene eso que aparece.

En Emotiva no trabajamos para apagar conductas ni para ofrecer recetas rápidas que tranquilicen al adulto. Trabajamos para que niños, niñas y familias puedan ir construyendo comprensión, recursos propios y una brújula interna que les permita orientarse incluso cuando nadie les dice qué hacer.

Porque educar —como cuidar la relación con la comida— va más de acompañar procesos que de control.

Lo más difícil de este trabajo no es sostener las emociones del otro ni escuchar historias de vida tremendamente doloros...
07/01/2026

Lo más difícil de este trabajo no es sostener las emociones del otro ni escuchar historias de vida tremendamente dolorosas.
Lo más difícil es no ser complaciente.

Ser honestas en terapia tiene un coste. Implica asumir que hay personas a las que no les gusta lo que señalas, que se enfadan, que no buscan eso o que esperaban otra cosa de ti…y sostener también eso: no caer bien, no tranquilizar rápido, no ocupar el lugar cómodo.

Como dice “No somos croquetas. No podemos gustar a todo el mundo”.

Porque hay cosas que solo se mueven cuando dejan de ser cómodas. Cuando alguien puede mirar lo que evita, lo que repite, lo que duele reconocer de sí. Y para que eso ocurra, alguien tiene que quedarse ahí, sin endulzar, sin rescatar y sin retirarse.

Y sí, eso a nosotras también nos duele.

31 de diciembre.El día de los balances, de los propósitos y de los supuestos “cambios de vida”.Estos días se repiten las...
31/12/2025

31 de diciembre.
El día de los balances, de los propósitos y de los supuestos “cambios de vida”.

Estos días se repiten las mismas consignas: soltar, vaciar, no exigir, bajar el ritmo, vivir despacio. Como si fueran decisiones personales, como si dependieran solo de la actitud, como si todas las vidas partieran del mismo lugar.

Pero no es así.

Poder soltar suele ser un privilegio.
Poder ir más despacio, también.
Poder no exigir implica, muchas veces, que ya tienes cubierto lo básico y que si algo cae, hay red.

Cuando estos discursos se convierten en mandato, además de ingenuos, son culpabilizantes. Si no paras es porque no sabes. Si no sueltas es porque te aferras. Si no cambias de vida es porque no te atreves. Se individualiza lo que en realidad es estructural.

Hay personas que no viven deprisa por ambición, sino por supervivencia.
Que no exigen por inmadurez, sino por miedo a perder lo poco que hay.
Que no pueden “vaciar” porque sostienen trabajos precarios, cuidados invisibles, maternidades sin tribu, relaciones desiguales, cuerpos cansados y pocas redes.

No soltar no siempre es rigidez.
Muchas veces es responsabilidad, carga mental y ausencia de alternativas.
No parar no es no escucharse: es no tener dónde caer sin romperse.

Cerrar el año no debería ser otro examen emocional.
Otro espacio desde el que sentir culpa por no encajar en el ideal de vida calmada, consciente y bien resuelta.

En Emotiva no le pedimos a nadie que suelte sin saber primero qué le sostiene y qué se caería si lo hiciera.
Porque no todos los cambios son posibles en cualquier momento, y porque la culpa no es una herramienta terapéutica.

No cambiar no siempre es una elección,
no todo cambio depende de la voluntad.

Gracias por acompañarnos este año.Ha sido un año de mucho movimiento, de aprender y también de poner límites.Un año de d...
23/12/2025

Gracias por acompañarnos este año.
Ha sido un año de mucho movimiento, de aprender y también de poner límites.
Un año de despedidas y de dolor, pero también de alegría, de exploración y de bienvenidas.
De acompañar cada uno de vuestros procesos con dedicación, amor y honestidad.

Ojalá estas fiestas nos traten con cuidado y el año que empieza nos encuentre con más presencia que exigencia.

Nos vemos a la vuelta, el 8 de enero.

Intensa, dependiente, pesada… así llaman muchas parejas de nuestras pacientes a mujeres que simplemente están intentando...
20/12/2025

Intensa, dependiente, pesada… así llaman muchas parejas de nuestras pacientes a mujeres que simplemente están intentando sostener vínculos que no las sostienen. Estas etiquetas no describen un rasgo personal, sino una dinámica relacional profundamente desigual, en la que una parte ofrece poco y además desacredita a quien lo necesita.

Mientras ellos administran el tiempo, la disponibilidad y el afecto con cuentagotas, les reprochan que no hacen planes, que no tienen aficiones propias o que son hiperdependientes.

Se les exige autonomía al mismo tiempo que se las mantiene en una espera constante.
Se las critica por haber reducido su mundo, sin nombrar que esa reducción es la consecuencia directa de un vínculo que solo funciona si ellas están siempre disponibles para el poco tiempo que se les concede.

En este contexto se instala una dieta emocional y un hambre afectiva persistente. No porque pidan demasiado, sino porque reciben menos de lo necesario. Pero en lugar de reconocer esa carencia, se desplaza la responsabilidad hacia ellas, que acaban dudando de sus propias necesidades y aprendiendo a adaptarse para no molestar.

Así muchas mujeres paralizan su vida.
Frenan proyectos, aplazan decisiones y dejan de ocupar espacio, pendientes de no perder la oportunidad de estar cuando el otro decide aparecer. Esta renuncia se normaliza y se confunde con amor, cuando en realidad es una forma de control sutil que permite a uno conservar su libertad intacta mientras el otro vive condicionado por el vínculo.

Estas dinámicas no tienen que ver con dependencia emocional ni con falta de recursos personales. Tienen que ver con relaciones en las que uno marca el ritmo, pone las condiciones y mantiene su vida completa, mientras la otra es culpabilizada por las consecuencias de esa desigualdad. El amor no debería implicar pasar hambre afectiva ni congelar la propia vida para encajar en la agenda emocional de otra persona.

Cuando para que una relación funcione alguien tiene que hacerse pequeña, esperar y justificarse, el problema no está en quien necesita, sino en lo poco que se le está ofreciendo.

Hoy, 30 de noviembre, Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), recordamos q...
30/11/2025

Hoy, 30 de noviembre, Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), recordamos que estos trastornos no van solo de comida, sino de historias que a veces vienen de muy atrás. El síntoma aparece muchas veces donde antes hubo mandatos familiares, silencios, exigencias o formas de relacionarse con el cuerpo que se fueron transmitiendo de generación en generación. Hablamos de trauma transgeneracional cuando tu cuerpo expresa emociones, creencias y patrones que no empezaron contigo, pero que sigues llevando.

En Emotiva acompañamos los TCA desde una psiconutrición verdaderamente integrada: psicología y nutrición trabajando juntas, a veces incluso en la misma sesión, para sostener a la vez lo que ocurre en el cuerpo y lo que ocurre por dentro. No buscamos controlar la comida ni poner el foco en el peso, sino entender qué protege el síntoma, qué necesidad intenta cubrir y qué lealtades heredadas siguen actuando sin que la persona sea consciente.

Nuestro trabajo va de devolver seguridad, de cuestionar lo heredado sin culpa y de crear un espacio donde puedas empezar a relacionarte contigo, con tu cuerpo y con la comida desde un lugar más amable y más tuyo.

Si necesitas un primer paso, estamos aquí.

Los maltratadores no suelen parecerlo. No llevan una marca que los identifique. No se muestran violentos delante de los ...
25/11/2025

Los maltratadores no suelen parecerlo. No llevan una marca que los identifique. No se muestran violentos delante de los demás. Saludan, ayudan, sonríen, generan buena imagen. Y precisamente por eso tantas mujeres no son creídas: porque él parecía correcto, amable, educado, porque “nunca imaginamos que pudiera hacer algo así”.

La violencia machista se sostiene con la reputación del agresor, con la duda hacia la víctima, con el silencio del entorno y con una sociedad que prefiere pensar que “algo habrá pasado” antes que confrontar la realidad.

Y hay algo que cada vez es más evidente: incluso cuando tienen condenas firmes, incluso con pruebas, incluso apareciendo en grabaciones agrediendo, muchos maltratadores siguen colocándose públicamente como víctimas. Lo hacen para proteger su imagen, para generar compasión, para manipular el relato y para evitar asumir responsabilidades. No es desconocimiento ni torpeza emocional: es estrategia y es violencia.

El problema no son las mujeres que “no se fueron a tiempo”. El problema son los hombres que ejercen violencia y después se victimizan para seguir manteniendo el control. La reparación no consiste únicamente en atender a las mujeres que sobrevivieron a la violencia; también requiere que ellos asuman consecuencias claras: judiciales, sociales y éticas. Sin excusas, sin relativizar, sin justificar con traumas o “malos momentos”.

La violencia no termina cuando la relación se rompe. Sus efectos continúan en la salud, en el cuerpo, en la autoestima, en la confianza, en las decisiones y en la vida cotidiana. Y reparar requiere apoyo, protección, recursos y tiempo.

En Emotiva acompañamos procesos de reparación después de la violencia machista: trabajamos para que cada mujer pueda recuperar seguridad, autonomía, voz y espacio propio, sin culpabilizarla y sin minimizar lo vivido. Porque reparar implica devolver dignidad y posibilidades. Y eso no se hace mirando hacia otro lado.

Dirección

Praza De Andalucía, 2 Bajo Izquierda
Cangas
36940

Horario de Apertura

Lunes 10:00 - 14:00
Martes 10:00 - 12:00
Miércoles 10:00 - 14:00
Jueves 10:00 - 12:00
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Our Story

En Emotiva nos esforzamos para mejorar la salud y bienestar emocional en la infancia y en la juventud, las dos etapas más importantes para el desarrollo de las personas.nuestra labor se centra en prestar apoyo y comprensión durante el recorrido hacia la edad adulta; un viaje en el que es fundamental respetar los tiempos y procesos de cada uno. También asistimos a las familias que acompañan a sus hijos en este camino en el que cada día es un descubrimiento.

Somos un espacio y un tiempo exclusivos de reflexión y apoyo en el que todos los miembros de la familia escuchan y son escuchados. es un lugar de reparación del dolor, de vínculo, de entrega, de empoderamiento, de descubrimiento.

Construimos juntos un paréntesis de la rutina en el que sentirnos libres de expresar nuestras emociones sin juicios y donde se respeta el ritmo y las necesidades de cada uno.