03/01/2026
Una bella reflexión de la vida: LA PIEDRA QUE NO QUERÍA MOVERSE
Taku era el encargado del jardín del templo, y llevaba semanas molesto con una gran piedra situada en el centro del sendero. No era pesada… pero estorbaba. Cada día la miraba con fastidio.
Un mediodía fue a ver al maestro Riku.
—Maestro, quiero mover esa piedra. Está mal colocada.
Riku lo acompañó al jardín y la observó en silencio.
—¿Quién te dijo que estaba mal?
—Nadie —respondió Taku—. Está en medio del camino. Interrumpe el paso.
El maestro sonrió.
—Entonces no interrumpe el camino. Lo crea.
Taku frunció el ceño.
—No lo entiendo.
Riku se sentó a su lado.
—El camino recto es cómodo… pero no enseña nada. Esa piedra obliga a girar, a frenar, a levantar la mirada. Sin ella, pasarías sin darte cuenta de que estás pasando.
El joven guardó silencio.
—Quiero que la observes durante tres días —dijo el maestro—. No la juzgues. Solo convive con ella.
Taku obedeció.
Durante esos días vio cómo los ancianos bordeaban la piedra despacio, cómo los niños saltaban sobre ella riendo, cómo algunos la acariciaban como si fuese parte viva del jardín.
Y entonces lo entendió.
No era un obstáculo. Era una pausa.
Cuando volvió con el maestro, inclinó la cabeza.
—No quiero moverla.
Riku asintió.
—Hay cosas en la vida que no están en medio del camino. Son el motivo de caminar distinto.
Por primera vez, Taku agradeció aquello que antes quería quitar.