29/11/2023
EL MUNDO ASTRAL
De acuerdo a la tradición teosófica, el "mundo astral" o "luz astral" comprende varias esferas compuestas de substancias más sutiles y plásticas que la materia, las cuales rodean e interpenetran al mundo físico.
Y es de este “anteproyecto etérico” del que deriva la tierra física, y corresponde al cuerpo astral de cada individuo.
Sus niveles inferiores no revisten especial importancia ya que sólo se ubican un rango vibratorio más arriba a partir de la materia densa, pero sus cotas superiores se fusionan en los ámbitos akásicos o espirituales.
Se dice que la luz astral contiene un registro de todo lo que ha pasado en la Tierra, tanto en el presente como en el pasado, y por esta razón se le llama a veces "la galería de imágenes de la Naturaleza". Puesto que registra pensamientos, emociones y acciones de todos los tipos concebibles, y también comprende todo desde el "inconsciente" al "superconsciente" colectivo.
Además, se afirma que el mundo astral está poblado por una variedad de seres cuyos átomos de vida pueden considerarse como entidades básicas que se combinan para formar toda clase de criaturas fugaces y metamorfoseantes, conocidas por los términos genéricos de "elementales", "fuerzas de la Naturaleza" o "espíritus de la Naturaleza".
Los elementales son agentes semiautomáticos, cuasi conscientes y constituyen los bloques de construcción en la Naturaleza, y están implicados en todo cuanto sucede en el plano terrenal, ya que cada átomo físico está animado por un elemental.
Dicho de otro modo, todo lo que tiene lugar en el plano físico es producido por la acción deliberada o inconsciente de elementales, ya sea actuando por sí mismos o como vehículos de inteligencias superiores. Y también pueden trabajar individualmente, aunque es más común que lo hagan en grupos, ondas o flujos, y mientras algunos elementales son de tamaño atómico, otros son gigantescos, cada uno con capacidades distintas.
Aunque los elementales no son conscientes de sí mismos y no tienen libre albedrío, los asociados con los subplanos superiores pueden mostrar cierto grado de inteligencia.
La vasta mayoría de elementales no tiene forma propia permanente y pueden cambiarla con gran rapidez, adoptando así apariencias (y también vestimentas) que reflejan las imágenes y maneras de pensamiento existentes en su entorno, incluyendo a las mentes humanas.
Los elementales superiores pueden asumir la forma de animales (ya sea vivos o extintos) y aquéllos en el plano mental tienden a adquirir una silueta más o menos humana.
Se dice que algunos elementales son hostiles hacia los humanos y otros amigables, siendo los elementales del aire los más peligrosos debido a su estrecha conexión con el cuerpo del deseo en la constitución humana [1].
En Teosofía, se distinguen generalmente tres reinos de elementales que están situados bajo el reino mineral. Esto significa que los centros de consciencia (o mónadas) que se manifiestan como elementales están en las primeras fases de su crecimiento evolutivo, y todavía tienen que realizar un recorrido por los otros reinos de la Naturaleza (que son mineral, vegetal y animal).
Desde otro punto de vista, hay siete reinos de elementales, como también existen elementales asociados con cada subplano (o elemento cósmico) con características sutiles o espirituales de varios grados.
Los místicos medievales categorizaban a los elementales en cuatro grupos, según lo cual estaban asociados con los cuatro elementos:
- gnomos (tierra),
- ondinas (agua),
- silfos (aire) y
- salamandras (fuego).
Los hindúes distinguen muchos otros tipos, por ejemplo: los inferiores que incluyen pretas, yakshas y dakinis. Mientras que los tipos superiores comprenden gandharvas, vidyadharas y apsaras.
Se dice que los primeros son malévolos y peligrosos, y los últimos, benevolentes, y si son abordados adecuadamente, pueden impartir conocimientos útiles de artes y ciencias [2].
William Q. Judge menciona una clase muy avanzada de elementales, llamados saptarishis, que aunque no correspondan estrictamente con nuestra corriente evolutiva, en ocasiones se comunican con médiums y por su aparente conocimiento dan la impresión de ser entidades de alta espiritualidad, cuando lo cierto es que son del mismo carácter que los devas inferiores de los hindúes [3].
Puesto que los elementales no pueden estudiarse con instrumentos físicos, son un libro cerrado para la ciencia materialista, pero no para aquéllos que poseen suficientes poderes de clarividencia.
Los cuerpos astrales modelo de los humanos y los "cuerpos mentales" están compuestos de sustancias astrales de distinto grado.
El mundo astral está estrechamente asociado con todos los fenómenos mentales y psíquicos, ya que nuestras mentes atraen ideas, pensamientos e imágenes desde la atmósfera general de pensamiento o campo de memoria de la luz astral, y las envía de vuelta otra vez en forma modificada.
Los pensamientos, las emociones y los deseos son energías elementales que asumen una forma particular y se mantienen por el periodo correspondiente a la intensidad de la fuerza original.
Los grupos humanos como familias, naciones, razas y los movimientos religiosos, sociales y políticos construyen formas de pensamiento colectivo, algunas de las cuales pueden adquirir vida propia y poderosa.
Los ámbitos más bajos del astral están habitados por cascarones astrales decadentes de humanos mu***os. Estos cascarones son desechados cuando el alma humana superior asciende a los ámbitos akásicos superiores, y a menudo son confundidos por los médiums con los "espíritus" de los mu***os. Y puesto que estas entidades son instintivas y desprovistas de inteligencia autoconsciente, las comunicaciones recibidas por ellas son a menudo mensajes superficiales y sin importancia.
Ciertos tipos de elementales también pueden utilizar la información contenida en las mentes de los participantes durante una sesión espiritista, generando así la ilusión de que está presente el alma de una persona mu**ta.
Helena P. Blavatsky describe cómo en dichas reuniones los cascarones astrales "caen sobre la gente igual que nubes o grandes pulpos, y desaparecen dentro de ellos como si fueran absorbidos por una esponja", ya que vampirizan a los asistentes y médiums reduciendo su vitalidad [4].
Además y fuera del ámbito espiritista, los cascarones astrales pueden ser atraídos por afinidad hacia una persona y absorberse en su cuerpo astral, fortaleciendo de esta manera cualquier vicio al que la persona pueda ser adicta.
Una amenaza aún mayor es ser poseído por "elementarios" o cascarones astrales de humanos que han llevado vidas muy depravadas en la Tierra y que toman más tiempo en descomponerse.
Otros seres que habitan los ámbitos astrales son los humanos que han conseguido un alto grado de poder oculto y son capaces de vivir u operar conscientemente en el mundo astral después de dejar atrás su cuerpo físico, ya sea de manera temporal o permanente.
Estos pueden ser humanos de naturaleza mahátmica, o sus contrapartes malignas como hechiceros, magos negros o los "hermanos de las sombras".
En cambio, las entidades superhumanas asociadas con los tres reinos superiores de la naturaleza habitan en el alto astral, o ámbitos akásicos.
Cada planeta físico en nuestro sistema solar está rodeado por sus propias esferas astrales y akásicas, que son regiones condensadas de los planos astral y akásico generalizados que abarcan el sistema solar completo.
Estos ámbitos pueden ser considerados como subplanos más elevados de nuestro propio plano cósmico, por "encima" y "debajo" de los cuales hay además planos septenarios.
De acuerdo a la Sabiduría Antigua, el universo ilimitado comprende un número infinito de planos dentro de planos, y mundos dentro de otros.
Se sostiene que en los seis planos cósmicos "por encima" del nuestro existen 11 "globos compañeros" pertenecientes a cada uno de los planetas que observamos en nuestro plano físico, haciendo un total de 12 globos que componen una cadena planetaria completa.
Durante el tiempo de vida de la Tierra, las mónadas encarnantes en cada uno de los 10 reinos u ondas de vida realizan siete ciclos o rondas a través de todos estos 12 globos, y en cualquiera de ellos, en cualquier época, domina un reino específico y el grueso de sus mónadas encarna en esa esfera.
Actualmente el reino humano es el dominante y activo en nuestra esfera de acción (La Tierra) la cual es la más densa de la cadena terrestre.
De esta forma, son nuestras mónadas humanas superiores y no nuestros cuerpos materiales externos los que se trasladan de globo en globo, residiendo por millones de años en cada uno a la vez, durante una ronda planetaria.
En el transcurso de periodos más largos, nuestras mónadas espirituales y divinas viajan de planeta en planeta, de sistema solar en sistema solar, como también pasan rápidamente a través de otros globos terrestres y planetas mientras dormimos, después de la muerte o durante las iniciaciones esotéricas.
Y tal y como cada globo físico de un planeta o estrella tiene sus propios ámbitos astrales y akásicos, así es también para las esferas superiores.
Por lo tanto no se puede descartar la posibilidad de que la Tierra esté siendo visitada por especies inteligentes que han evolucionado en otros planetas físicos y hayan dominado técnicas de viaje espacial, pero probablemente muchas de ellas no se adaptarían a la gravedad terrestre ni serían capaces de respirar nuestra atmósfera, y tampoco tendrían por qué parecerse a nosotros.
Es posible también que seres avanzados provenientes de otros globos sobre el plano físico u otros ámbitos podrían visitar nuestro planeta y hacerse visibles por proyección consciente y materializando así sus cuerpos etéricos.
No obstante, y dada su apariencia y comportamiento, muchas de las entidades paranormales que las personas de diversas épocas han encontrado, probablemente sean manifestaciones físicas breves de elementales metamorfoseantes y de energía psíquica del mundo astral inmediatamente circundante a nuestro planeta.
Y que por ende no poseen forma e identidad permanentes y relativamente estables que sean resultado de un largo proceso evolutivo.
En algunos casos, sus formas pueden subsistir sólo durante su manifestación física, lo que puede reflejar las propias actitudes y creencias del testigo junto con patrones "arquetípicos" y conductuales o imágenes previamente registrados en la luz astral.
Tales manifestaciones pueden ocurrir espontáneamente o ser orquestadas por agentes inteligentes que detentan ciertos poderes y cuyos motivos podrían ir desde los benevolentes a los malévolos.
En nuestra moderna era espacial y científica, es comprensible que gnomos, hadas y otras formas tradicionales de elementales no se consideren tanto como los OVNIs y los "alienígenas".
Al respecto, Stuart Gordon señala:
« Las imágenes proyectadas por los individuos y mantenidas por grupos de creyentes han cambiado, pero el proceso básico permanece igual. Las hadas y su tradición han disminuido literalmente en importancia y realidad al menguar la creencia popular en ellas, y aún así el sustrato mental del que están formados estos seres y otros elementales permanecen activos en nosotros. » [5].
Sin embargo hay que estar conscientes que mientras algunos encuentros paranormales parecen involucrar manifestaciones físicas o semi-físicas, otras pueden ser solamente alucinatorias, visiones o experiencias fuera del cuerpo.
Pero las experiencias de este tipo no son necesariamente generadas en el cerebro ya que nuestras mentes están inmersas en la atmósfera de pensamiento de Gaia y pueden estar influenciadas por toda clase de entidades que residan en esa zona.
Aunque muchas personas no sean capaces de predecir cuándo, dónde o a quién ocurrirá la próxima visitación psíquica, no hay nada accidental en este tema. La "suerte" es únicamente una palabra que usamos para disfrazar nuestra ignorancia.
En el estricto sentido cosechamos lo que sembramos, vida tras vida, y encontramos las experiencias y desafíos que necesitamos para corregir nuestros defectos y profundizar nuestro entendimiento de la Naturaleza.
Las entidades astrales requieren una fuente de energía para entrometerse en nuestra realidad, y esta puede ser obtenida de los propios testigos o del medioambiente.
Cabe destacar también que ciertas áreas geográficas caracterizadas por anomalías y perturbaciones geomagnéticas y electromagnéticas parecen atraer una inmensa cantidad de actividad paranormal, y por esta razón a veces se las denomina "puertas dimensionales", pudiendo haber varios factores en juego que hagan que la materialización de formas y entidades astrales llegue a ser más fácil o más difícil en intervalos periódicos.
En su valioso libro sobre fenómenos inexplicables, Jerome Clark alega que la teoría de las visitas desde otros ámbitos causa "perplejidad":
« Afirmar que se están dejando caer bípedos peludos desde otra realidad o dimensión no es decir nada en absoluto. Por supuesto, no es que esto sea imposible; es sólo que, dado nuestro estado presente de conocimiento, tampoco tenemos razón para creer en ello, convirtiéndose así en el equivalente intelectual para “explicar” esos monstruos al declararlos como visitantes desde un mundo desconocido u otro lugar caprichoso que nos podamos imaginar. » [6].
Comentarios como éste son un buen ejemplo de "la ofuscación intelectual". De buena gana, Clark admite que algunas de las entidades extrañas catalogadas en su libro podrían ser visitantes de una "realidad paralela", "zona de penumbras" o "universo de goblins", y de hecho ésta es a menudo la única sugestión plausible que puede proponer.
No obstante, si estos términos no son sólo frases vacías, probablemente hagan alusión al mundo astral de la tradición oculta, un ámbito real y sustancial aunque más etérico que interpenetra nuestro mundo físico y que se encuentran en constante interacción.
Esta explicación provee una clave para entender una amplia gama de manifestaciones paranormales cuya existencia ha sido reconocida por místicos y ocultistas de todas las épocas.
Referencias
G. de Purucker, “The Esoteric Tradition”, Pasadena, CA: Theosophical University Press (TUP), segunda edición, 1973, p. 249-252. G. de Purucker, “Questions We All Ask”, TUP, 1929-30, 2:325-336. G. de Purucker, “Fountain-Source of Occultism”, TUP, 1974, 232-237. G. de Purucker, “Studies in Occult Philosophy”, TUP, 1973, p. 49-52. “Dialogues of G. de Purucker”, TUP, 1948, 3:60-65.
“H.P. Blavatsky Collected Writings”, Wheaton, IL: Theosophical Publishing House, 1950-91, 6:169.
W.Q. Judge, “Echoes of the Orient”, San Diego, CA: Point Loma Publications, 1975-87, 2:237.
“Blavatsky Collected Writings”, 9:107.
Gordon, “The Paranormal”, p. 206.
Clark, “Unexplained!”, p. xx, 175-6.