13/01/2026
Con cariño y un punto humorístico, porque mañana hay huelga y estoy cansada. Ya sabéis que soy buena gente y siempre intento ayudar. Pero todo tiene un límite y los profesionales de salud mental también necesitamos descansar. Nuestro trabajo requiere encuadre, conocimientos y esfuerzo. La gente sufre, lo sabemos. Incluso nosotros los facultativos sufrimos.
Vengo observando que cada vez más, la gente que nos pide ayuda suele ser insensible a nuestra sobrecarga. A menudo tocan la puerta compañeros que no conozco, no me pasa solo a mí, lo he comentado con otros compañeros del servicio. Nos piden consejo o ayuda para otra persona. Esto no es nuevo.
Pero importante detenernos en esto ahora porque cada vez es más frecuente y con más naturalidad, dando por sentado que responderemos, como si el acto médico no fuera suficientemente complejo como para darle valor.
En primer lugar, no se puede dar consejo médico sin ver a la persona y no se debe consultar sobre otro.
Si me pides “un momentito” y lo que quieres es una cita para un conocido me estás intentando engañar y no me agrada.
Pero además, ¿qué grado de compromiso tienes con esa persona? ¿Cuántos favores te puedo hacer en toda mi carrera? ¿Seguro que no vas a necesitar un un psiquiatra para algún familiar o para ti? ¿De verdad quieres gastar ese cartucho para el hijo de la amiga de tu vecina?
Posiblemente la gente que más respeta nuestro oficio es la que menos favores pide. Y quizás sufren y lo necesitan, pero no llegan a la consulta.
Y por eso me veo obligada a poner límites cada vez con más frecuencia. No es por ti, es por mi y por el resto de personas.
Salud y humor, queridas. .es gracias por este clip mental