10/05/2026
La respuesta siempre será el silencio. Es una pérdida inútil de tiempo y energía tener que decir o escuchar a alguien opinar sobre cómo debes actuar, decidir o llevar tu vida. Porque cuando una persona logra encontrarse a sí misma, ya no hay nada más que buscar ni nada más que saber: todas las búsquedas llegan a su fin. En ese entendimiento profundo, se cae el velo de la programación mental que nos condiciona, y se comprende que lo esencial solo se vive y se siente, jamás se puede explicar con palabras. Explicarlo a quienes todavía no lo han experimentado es tan inútil como luchar contra lo que está arraigado en la mente de alguien que aún se identifica totalmente con su cuerpo, sus pensamientos y sus creencias.
Cuando comprendes esto, todo lo demás pierde peso y sentido, y solo queda lo que es real: este momento presente. Nada hay más hermoso, más valioso ni más verdadero que este instante; es, de hecho, lo único que realmente existe. Ya no te enredas más en problemas mentales, ni en juicios, ni en dudas. Ya no tienes el deseo de escuchar consejos sobre cómo vivir, ni tampoco quieres decirle a nadie cómo debería vivir su propia vida. Simplemente estás aquí: compartes este momento con la persona que tienes enfrente, sin cuestionarla, sin querer cambiarla ni arreglarla. Ya no buscas darle sentido a la existencia, ni explicar el porqué de la vida, ni imponer ninguna forma de vivirla. Incluso las palabras llegan a cansarte, porque entiendes que ni la verdad ni la realidad pueden ser descritas o contenidas en ellas. Al final, todo se reduce a esto: silencio, dentro de un silencio absoluto y pleno.
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