01/03/2026
De todas las películas nominadas a los Goya que he visto, de todas las escenas, el parto de Ángela en Sorda me ha marcado de manera especial.
Sentí muchas emociones que no eran nuevas; de hecho, sentí que eran emociones que he sentido más veces de las que me gustaría. Un parto tan real como duro. Una escena tan cruda como habitual en los paritorios de nuestro país.
La vulnerabilidad, la soledad, la angustia, el miedo, la violencia, la indefensión, la despersonalización, la infantilización, la impotencia… Sin embargo, las sentí mucho más punzante esta vez. Esta vez, Ángela era sorda.
¿Cuántas Angelas han pasado por los paritorios en los que trabajamos y se han sentido así?
¿A cuántas Angelas hemos atendido intentando salir del paso, sin pensar en su individualidad?
¿Cuántas veces hemos sido cómplices de estas situaciones?
¿Cuántas veces no hemos sabido ver más allá de nosotras como profesionales?
¿Cuántas veces hemos atendido sin cuidar la comunicación con las mujeres a las que acompañamos?
Decía ayer Miriam Garlo:
«A la violencia obstétrica hay que añadirle la violencia de la no comunicación o la violencia de la invisibilidad».
«Sin comunicación no hay respeto».
Zorionak eta eskerrik asko a todo el equipo de Sorda por visibilizar la otredad y ser motor de conciencia social.
📸 Maravillosos fotogramas de Sorda (2025), dirigida por