05/02/2026
Cada vez es más habitual ver en redes sociales —especialmente en Instagram— a personas que, sin formación en nutrición, recomiendan dietas, pautas o suplementos de forma generalizada.
Y aunque muchas veces se hace con buena intención, es importante entender que hablar de alimentación no es neutro.
Un mensaje mal planteado puede generar confusión, culpa, miedo a comer ciertos alimentos o incluso favorecer alteraciones en la relación con la comida, especialmente en personas vulnerables o en etapas sensibles.
No es lo mismo divulgar información que pautar.
No es lo mismo contar una experiencia personal que convertirla en una recomendación válida para todo el mundo.
Y tener visibilidad en redes no sustituye la formación ni la responsabilidad profesional.
La alimentación es un tema complejo, individual y muy ligado a la salud mental. Por eso, antes de seguir consejos o tomar suplementos, es fundamental contrastar la información y acudir a profesionales cualificados.
Cuidar cómo comunicamos también es una forma de cuidar a quien nos escucha.
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