04/08/2025
A veces la silla de la terapeuta también está rota.
También hay días en que me he sentado aquí temblando por dentro.
Con el pecho apretado.
Con ganas de irme a llorar al baño entre sesión y sesión.
Con la voz aún temblando de lo que la vida me ha traído a mí.
Porque no somos invulnerables.
Porque no todo lo tenemos resuelto.
Porque también nos ha dolido la infancia, el cuerpo, el parto, la maternidad, la soledad, el amor, la perdida.
He sostenido procesos profundos mientras el mío ardía en silencio.
He dicho “respira” mientras yo me olvidaba de hacerlo.
He dicho “ponte central” mientras yo me desdibujaba entre deberes y demandas.
Pero con el tiempo entendí algo:
Que mi humanidad no es un problema.
Que no necesito esconder mis grietas para acompañar con verdad.
Que en este oficio no se trata de saberlo todo, sino de estar ahí, presente, real, despierta.
Y eso también es terapia.
Y eso también es sanar.
Desde la silla.
Con la silla.
A pesar de la silla.