16/05/2021
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Cada uno de nosotros somos la proyección de lo que contemplamos.
En uno de los mensajes fue transformar el Karma en Dharma, es decir, el aprendizaje en enseñanza.
Todos así somos aprendices y maestros en el uróboro de la realidad. Interminablemente todos aprendemos y enseñamos en el mismo instante que vivimos, pues la trascendencia de la vida yace en quien es capaz de entregar su experiencia y asimilación en forma de reflejo, sabiduría y enseñanza a aquellos que están viviendo el proceso de aprendizaje que llamamos Karma. Así, en una simbiosis interior colaboro con la evolución de los otros, que es la propia.
De la misma forma que no podemos juzgar a un niño por no saber leer, tampoco podemos juzgar a la maestra por enseñarle a leer. En el momento en que ambos reconozcan que sus roles son momentaneos y necesarios para dar un paso más hacia el crecimiento, el niño sabrá leer por sí solo accediento a toda la información del mundo, en tanto la maestra se sentirá realizada por haber sido quien le mostró las herramientas. La tarea del niño será decidir qué hacer con lo que lea, la tarea de la maestra es procurar que sepa discernir y confiar en su propio criterio a través del pensamiento crítico.
Por ello, honro al aprendiz que hay en mí, y honro al maestro que hay en mí, pues YOSOY.