20/05/2023
El contacto....el amor
En las últimas sesiones con A., un paciente que lleva ya un tiempo en terapia, al acercarme a hacer la lectura corporal, siento cómo su cuerpo se tensa, y al finalizar los toques, le pregunto, como es habitual:
T: “¿Qué sensaciones tienes, después de los toques?”
P: “Siento que estoy muy tenso...es que cuando me tocas, es cómo si me estuvieras sometiendo a un examen...”
T: “Y esto, te recuerda algo?
P: (contesta rápidamente): “Cuando era pequeño, mi madre no me tocaba...pero cuando se acercaba, también sentía que me examinaba en todo...”
Continuamos con la sesión, y después del trabajo de reestructuración corporal, le propongo un masaje, parándome en el contacto, con mucha conciencia en los toques, y al finalizar, le pregunto sus sensaciones.
P: “A veces sentía que era gustoso (el masaje), y otras veces, es cómo si no quisiera sentirlo”
Y es esto último que nos dice A. lo que nos habla del conflicto interno que está viviendo este paciente con su anhelo/rechazo del contacto. El contacto es la primera forma de comunicación entre la madre y el bebé. Es la manera en la que la empatía y el amor pueden ser transmitidos.
La Terapia Morfoanalítica “habla” a través del cuerpo. El cuerpo nos guía allí dónde necesita ser cuidado, sanado. Y en las sesiones nos ocupamos no sólo del cuerpo físico, real, sino también del cuerpo emocional y sensorial. Así podremos integrar los tres cuerpos en lo que llamamos la unidad psicopostural de una persona.
Cuando A. expresa su sentimiento de gusto/rechazo ante el masaje que le doy, y que en su infancia no ha tenido este contacto físico de su madre, recuerdo a Ashley Montagu, en su libro “El Tacto”, que nos dice: “Es en buena medida la estimulación de la piel por el tacto la que capacita al niño para trascender su propia piel. Aquellos que hayan carecido de tal estimulación siguen, por así decirlo, atrapados en su propia piel y actúan en consecuencia cómo si ésta fuera una barrera que los encierra, convirtiéndose para ellos el hecho de ser tocados en una ataque a su integridad”.
Y es en este “hablar al cuerpo a través del toque, del contacto”, dónde la Terapia Morfoanalítica, con los toques respetuosos y empáticos, masajes y trabajos corporales, puede llegar a un nivel más profundo de comunicación, y justamente “tocar” a la persona dónde lo necesita. Podremos, incluso, llegar a dolores y fallas muy primitivas, que han quedado enterrados, sin conciencia, para poder sobrevivir.
Cómo escribió Serge Peyrot, creador de esta terapia: “...los momentos de comunicación simbiótica directa de cuerpo a cuerpo, de piel a piel, permiten la interiorización concomitante de la envoltura psíquica que contiene los contenidos psíquicos y del entorno materno que se convierte en el mundo interno de los sentimientos, pensamientos, afectos, imágenes. Para crecer, el Yo necesita la repetición de esas experiencias corporales, en un clima de seguridad, impregnado de afecto y cariño para alimentar el sentimiento de sentirse apoyado, sustentado mantenido y nutrido, no sólo física sino también psíquicamente.”
En el caso de este paciente que no ha tenido el contacto físico materno, ahora en terapia empezará a recibir ese contacto inconscientemente anhelado, pero como él mismo expresa, sentirá una contradicción de anhelarlo/rechazarlo, ya que el miedo al amor está presente.
Y en estos casos el terapeuta morfoanalista actuará con toda su empatía, respetando los tiempos y procesos de cada paciente, y como dice Jean Sarkissoff, en su libro “Cuerpo y Psicoanálisis”: “Es el super-yo que rehúsa; encargado de proteger el centro del ser de las frustraciones primitiva destructoras, erige una barrera contra el amor y cierra la puerta al contacto. Pero una mano (del terapeuta), puesta sobre el paciente, capta otro lenguaje: “Quédate, no te vayas. No puedo curarme sin ti, y quiero curarme”.
Beatriz Pérez Costas
Terapeuta Morfoanalista
Imagen de Igor Morski