07/02/2026
La respiración es como un espejo fiel de lo que pasa en nuestra mente y en nuestro corazón.
Nos delata, nos acompaña, nos cuenta lo que a veces ni siquiera, somos capaces de reconocer con palabras.
Te pongo un ejemplo muy cotidiano:
Imagina que tienes una reunión importante o un examen o incluso una conversación difícil. Sin darte cuenta, empiezas a contener el aire, a respirar de forma superficial y el cuerpo se tensa. Es como si la respiración estuviera diciéndote, “Estás en alerta, no te sientes seguro”
Pero lo maravilloso es que este espejo también funciona al revés.
Si cambias tu respiración, puedes cambiar tu estado interior.
Respirar lento, profundo, consciente, es como acariciar tu sistema nervioso y decirle, “Todo está bien, puedes soltar, puedes confiar”.
La ciencia lo confirma, La respiración regula el corazón, calma, el cerebro y abre espacio en la mente para responder en lugar de reaccionar.
Por eso, cada vez que notes que la vida te acelera, haz una pausa, respira, porque a través de ese gesto estás entrando en diálogo contigo mism@.
La respiración es el único proceso que vive en dos mundos a la vez, el consciente y el insconsciente.
No decides cuando tu corazón late ni cuando tu estómago digiere, pero si puedes decidir como respiras y al mismo tiempo dejas de controlarla, la respiración sigue humilde, sosteniéndote sin pedir nada a cambio.
Es un puente, un puente entre lo voluntario y lo involuntario, entre lo que puedes dirigir y lo que simplemente ocurre.
Y ese puente nos recuerda que no estamos fraccionados, somos un todo.