11/02/2026
Durante muchos años te han dicho que la adicción es un vicio, una elección, un defecto moral. Algo que se corrige con fuerza de voluntad.
Hoy sabemos que no es así. La adicción es una enfermedad. Pero reducirla solo a eso también se queda corto.
Porque nadie empieza a consumir queriendo destruir su vida. Nadie se levanta un día y decide romperlo todo.
¿Y si la adicción fuera la única salida que esa persona encontró para no romperse por dentro?
Como plantea Gabor Maté, la pregunta no es qué consume una persona, sino qué dolor está intentando aliviar. Y ahí es donde cambia la mirada.
En este vídeo, Ana Díaz, coordinadora terapéutica de Guadalsalus, trabajadora social y terapeuta sistémica con más de 25 años de experiencia, pone palabras a esa realidad que casi siempre queda fuera del foco.
No habla solo de sustancias. Habla de sufrimiento.
No habla solo de conducta. Habla de historia.
No habla solo de abstinencia. Habla de sentido.
La adicción es el problema. Sí. Pero es también el síntoma visible de algo más profundo: heridas no resueltas, vínculos fracturados, traumas silenciados, carencias afectivas que nunca encontraron espacio.
Desde un enfoque integrativo y sistémico, Ana explica por qué tratar una adicción no puede limitarse a cortar el consumo, y por qué, si no abordamos la raíz, el vacío sigue ahí esperando otra forma de anestesia.
Este vídeo es para ti si estás atrapado en un consumo que no entiendes, si convives con alguien que se está perdiendo o si sientes que lo habéis intentado todo… pero nadie ha ido al origen.
Porque tratar una adicción no es solo dejar de consumir. Es aprender a sostener la vida sin anestesia. Es reconstruir vínculos. Es reconciliarse con la propia historia.
Y eso requiere algo más que fuerza de voluntad. Requiere un enfoque humano.
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Si algo de esto te ha resonado, quizá es el momento de mirar más allá del consumo.