12/03/2026
La imagen habla por sí sola: arándanos Sekoya en pleno campo, mostrando el estado de maduración del fruto junto a flores aún presentes en la misma rama. Una escena muy característica de esta variedad, donde la planta mantiene una capacidad productiva continua y equilibrada.
El calibre uniforme, la firmeza del fruto y ese tono azulado intenso con pruina bien marcada son señales claras de un cultivo bien nutrido y manejado. Detrás de cada racimo así hay algo más que genética: hay suelo vivo, nutrición equilibrada y una estrategia agronómica coherente.
En este tipo de resultados se ve reflejado el trabajo técnico que muchos agricultores realizan en campo apoyándose en programas de nutrición y bioestimulación como los desarrollados por Agrogal, orientados a fortalecer el sistema radicular, mejorar la asimilación de nutrientes y sostener producciones de alta calidad.
Porque al final, cuando la planta está equilibrada y bien alimentada, el fruto lo cuenta todo: calibre, color, firmeza… y una calidad que se aprecia incluso antes de probarlo.