Centro de Servicios Psicológicos María Jiménez

Centro de Servicios Psicológicos María Jiménez "De todas mis credenciales como psicóloga, la más significativa es mi afiliación a la raza humana." Lori Gottlieb

09/01/2026

Millones de personas mirando. El reloj corriendo en cuenta regresiva. Y su sueño a punto de romperse... por una tapa atascada.

Ocurrió en la final de MasterChef Brasil 2014. Elisa Fernandes estaba cocinando el plato de su vida. Todo iba bien. Hasta que agarró el frasco. Intentó girarlo. Nada. Usó un trapo. Nada. Sus manos sudaban. El pánico empezó a nublarle la vista. El tiempo se acababa y, sin ese ingrediente, perdía la competencia.

En ese momento de caos absoluto, Elisa hizo lo que hacemos todos cuando el mundo se nos viene encima. Buscó a su lugar seguro.

Corrió hacia la barandilla donde estaba el público. No miró a las cámaras. No pidió ayuda a los jueces (estaba prohibido). Le estiró el frasco a un hombre de pelo canoso que la miraba con ternura. Su papá.

No se dijeron una sola palabra. No hizo falta. Él tomó el frasco. Con esa calma que solo tienen los padres cuando sus hijos tienen miedo. Hizo fuerza. Click. El sonido de la salvación.

Se lo devolvió suavemente. Sin gestos de "apúrate". Sin reproches. Solo una mirada que decía: "Ya está, hija. Sigue".

Elisa volvió a su estación. Terminó el plato. Y esa noche, ganó MasterChef.

Levantó el trofeo, sí. Pero la imagen que se quedó grabada en el corazón de Brasil no fue la del premio. Fue la de una mujer adulta, talentosa y exitosa, que por un segundo volvió a ser una niña pequeña que necesitaba que su papá le abriera un frasco.

Porque no importa cuántos títulos ganes, ni cuán lejos llegues. A veces, frente a los problemas que no podemos abrir solos, lo único que necesitamos es esa mano fuerte que nos dice: "Tranquilo, yo te ayudo".

08/01/2026
08/01/2026
08/01/2026
Todos hemos sido Toby en algún momento.
08/01/2026

Todos hemos sido Toby en algún momento.

Nadie dijo una palabra. Nadie apagó la música. Nadie recogió los platos. Pero la fiesta se acabó. Y todo fue por él.

Ocurrió en Córdoba, en una casa llena de ruido, risas y confeti. Eran las 3:00 a.m. del primero de enero. La euforia de las doce uvas ya había pasado. El brindis también. Pero las visitas… las visitas seguían ahí.

“Una copita más”. “Pone otra canción”. La charla interminable.

Toby, un perrito de cinco años, llevaba horas siendo el anfitrión perfecto. Había movido la cola. Había aceptado caricias de desconocidos. Había soportado el ruido de los cohetes con valentía.

Pero Toby tiene un límite. Y esa noche, su batería social llegó a cero.

De repente, se levantó del suelo. Sin ladrar. Sin gruñir. Caminó lentamente hacia la escalera, subió tres escalones y se sentó. Desde esa altura, tenía la vista perfecta de toda la sala.

Y entonces, lo hizo.

Empezó a clavar la mirada en cada uno de los invitados. Uno por uno. No era una mirada de odio. Era algo peor. Era una mirada de juicio profundo.

Sus ojos decían: “Te quiero, pero vete”. Decían: “Ya comiste, ya bailaste… ¿no tienes casa?”.

Uno de los invitados sacó el celular y grabó el momento. Toby no parpadeaba. Su cara de seriedad absoluta contrastaba con los gorritos de fiesta torcidos de los humanos. Era la imagen viva del agotamiento social.

El video se hizo viral en minutos. Millones de personas compartieron la imagen, no por el perro, sino por el mensaje.

Toby se convirtió en el héroe de todos los introvertidos. De todos los que aman a sus amigos, pero aman más a su pijama. De los que disfrutan la fiesta, pero cuentan los minutos para volver al silencio.

Esa noche, los invitados entendieron la indirecta. Poco a poco, las chaquetas aparecieron. Los abrazos de despedida se dieron. Y cuando la puerta se cerró tras el último amigo, Toby suspiró, bajó la escalera y se durmió en el sofá.

03/01/2026

Puede que no hablen tu idioma, pero tu sistema nervioso los entiende perfectamente. Los estudios muestran que interactuar con gatos puede reducir el cortisol, disminuir la sensación de soledad y aumentar la oxitocina, la hormona de unión.

Ese ronroneo suave, la manera en que se sientan cerca de ti cuando estás abrumado, o su presencia tranquila, cuentan como apoyo emocional real. Los gatos, con su intuición y compañía silenciosa, ofrecen un refugio que impacta directamente en la salud mental.

Dale las gracias a tus gatos: tu bienestar ya lo ha hecho. La ciencia confirma que su compañía transforma la forma en que manejamos el estrés y fortalece nuestra resiliencia emocional.

DOI: 10.1038/s41586-025-09728-y

03/01/2026

Un ingeniero aeroespacial ha desarrollado un detallado mapa cerebral tras más de diez años de estudio, revelando que el cerebro opera como un sistema de ingeniería avanzada. Sus hallazgos podrían transformar la neurociencia y ofrecer nuevas formas de mejorar la salud mental sin medicamentos.

Descarga los mapas en alta resolución en el primer comentario.

02/01/2026
30/12/2025

Dirección

Avenida De La Costa Nº 94, Entlo. A
Gijón
33205

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