18/01/2026
El vacío fértil, en la Terapia Gestalt, no es ausencia ni carencia, es un espacio vivo de potencialidad. Es ese momento en el que lo conocido se suspende, las viejas figuras se disuelven y aún no emerge una nueva forma clara. Desde una mirada cotidiana, el vacío suele vivirse como angustia, confusión o pérdida de sentido; sin embargo, para la Gestalt, es precisamente allí donde se abre la posibilidad genuina de creación y autorregulación.
Cuando una persona se permite habitar el vacío sin llenarlo compulsivamente con explicaciones, hábitos automáticos, relaciones sustitutas o discursos tranquilizadores, ocurre algo esencial, el organismo recupera su capacidad de sentir, discriminar y responder de manera auténtica. El vacío fértil es el silencio previo a la palabra verdadera, la pausa antes del movimiento coherente. No es pasividad, es una espera activa y consciente.
En la experiencia terapéutica, el vacío aparece cuando las defensas habituales ya no sostienen y el personaje conocido se resquebraja. Allí emerge el miedo a “no ser”, a no saber quién se es sin los viejos apoyos. Pero justamente en ese no-saber reside la oportunidad. La Gestalt no empuja a salir rápido del vacío; invita a permanecer, a contactar la sensación corporal, la emoción difusa, la inquietud. Desde ese contacto pleno, algo nuevo comienza a organizarse por sí mismo.
El vacío fértil es un acto de confianza en la autorregulación organísmica. Es permitir que la figura emerja del fondo cuando está madura, no cuando la ansiedad lo exige. Por eso, crecer no siempre implica acumular respuestas, sino tolerar preguntas. No siempre es hacer más, sino sostener el no-hacer con presencia.
En una cultura que glorifica la productividad constante y la certeza inmediata, el vacío se patologiza. La Gestalt propone lo contrario, reconocerlo como un umbral. Allí donde el yo se afloja, la experiencia se vuelve más honesta. Y en esa honestidad, lo nuevo, una decisión, un límite, un deseo, una dirección vital, puede finalmente tomar forma.
El vacío fértil no se supera, se atraviesa. Y al hacerlo, la persona no sale igual; sale más cercana a sí misma.