24/04/2026
Sin darnos cuenta vivimos nuestra vida desde el hacer constante, no parar, ocupar como sea cada uno de los huecos de tiempo que nos quede en el día, en la semana, en el mes.
Estar desocupados es señal de pereza, de no ser válido, ni funcional, de perdida de tiempo.
Nos presentamos ante los demás por lo que hacemos, en el trabajo, el nuestro tiempo libre, y ellos nos definen también por lo que hacemos.
La energía masculina inunda en forma de activación constante nuestra vida.
Pero que pasa cuando estamos tan ocupados en hacer que nos olvidamos de Sentir, sentir es nuestra es energía femenina.
La que nos ayuda a estar conectados y encontrar el equilibrio. La que da espacio a la pausa, a la reflexión, a la creatividad y a la escucha.
La que realmente nos nutre y convierte toda esa actividad en abundancia.
Últimamente veo esa forma de hacer en las clases de yoga, donde las valoramos por lo que hacemos en ellas, las asanas, la intensidad, la novedad, lo diferente y nos olvidamos de que lo importante es como nos sentimos en una clase y después de una clase de yoga. Donde las dos energías confluyen para llevarnos a otro estado mental y energético.
Donde nos permita sentirnos y conectarnos a través del cuerpo, así que no se trata de lo que hacemos en una clase de yoga, sino de como nos sentimos con lo que hacemos en una clase de yoga.
Para tí, si te resonó tb😍
Yoga