17/02/2024
A la artista.
A la artista se le supone una elevada sensibilidad, un proceso empático exacerbado que tiene que ver con su capacidad de raciocinio. Un compromiso acentuado con sus habilidades creativas naturales y un acomodo extraordinario para absorber las instrucciones del medio y desarrollar de modo armónico todo aquello que aprecia a nivel intelectual.
Un ansia y un hambre por cubrir la demanda de reproducirse que se inclina de manera muy evidente hacia el mundo del arte. Se le predicen características de introversión, un mundo interior muy profundo, y un espacio onírico exaltado con tendencia a experimentar a través de estados alterados de conciencia, tormentas afectivas somatizadas en el entorno, y transferidas al lienzo.
Lo logrado con su trabajo es tenido como “milagro” por las personas de su alrededor acostumbradas en presencia de cualquier cosa perfecta a no plantearse el problema de su formación, sino a g***r de su presencia como si hubiera surgido por arte de magia. Algo que en parte resulta natural: una obra no tiene pleno efecto sino cuando despierta la creencia de una improvisación, de una espontánea producción. Como un medio de engañar para disponer del alma del espectador.
La artista parece tener, en lo que respecta al conocimiento de la verdad, una moralidad débil; puesto que no quiere dejarse arrebatar las interpretaciones de la vida brillantes, profundas de sentido, y se pone en guardia contra cualquier cosa simple o razonada. No quiere abandonar las condiciones más poderosas para su arte, como lo fantástico, lo místico, lo incierto, lo extremo, el sentido del símbolo, la sobrestimación de la personalidad, la creencia en algo genuino.
Su imaginación produce constantemente lo bueno, lo mediocre y lo malo; pero su juicio extremadamente aguzado, ejercitado, rechaza, elige, combina, poco a poco múltiples bosquejos que representan de manera muy elegante los estados más desgarrados de la conciencia. Y es que, la belleza más noble no es la que deslumbra instantáneamente, sino la que se insinúa lentamente, llenando los ojos de lágrimas y el corazón de deseo.
Con amor,
Mery