18/04/2026
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¿Y si te dijera que doscientos "sesgos cognitivos" no explican absolutamente nada?
Cada tanto sale un nuevo libro de divulgación con lo último de los sesgos cognitivos. Doscientos, trescientos, cuatrocientos.
Aparecen cada temporada, un producto nuevo.
Y la gente los repite con unas ganas, mis reyes, unas ganas…
"Es que tengo sesgo de confirmación." "No, eso es disonancia cognitiva." "Te cayó el efecto Dunning-Kruger."
Suena inteligente, suena científico, sirve para ganar discusiones en Twitter, en threads, con una tipa en Tiktok 🥐 o en FB.
Pero paremos un segundo y hagamos el ejercicio.
Si yo te pregunto cómo sabemos que existe el sesgo de confirmación, la respuesta es: porque la gente busca información que confirme lo que ya cree. Y si te pregunto por qué la gente busca información que confirme lo que ya cree, la respuesta es: porque tiene sesgo de confirmación.
Skinner: el mentalismo es el arte de renombrar lo que ya viste y creer que lo entendiste. Le pones una etiqueta en latín o en francés y listo.
Se preguntarán, ¿por qué llamarle "estafa piramidal"? Al inicio fue sarcasmo, pero viéndolo mejor… funciona así: cada generación de psicólogos cognitivos (no confundan con científicos cognitivos, pongan atención) descubre un sesgo "nuevo", lo bautiza, publica, da una charla en algún congreso y vende un libro. El sesgo se vuelve canónico. Diez años después aparece otro investigador mostrando que ese sesgo es un caso particular de otro, o que no replica, o que solo aparece en estudios con muestras universitarias norteamericanas. Pero bueno ya se registró.
El proyecto de Kahneman y Tversky nace como respuesta al supuesto de la racionalidad maximizadora de la economía neoclásica, supuesto que ya Herbert Simon había cuestionado con su idea de racionalidad limitada. La tesis de Simon es clave y a veces se olvida: la racionalidad se entiende en la relación entre el sujeto y su contexto, no como un cálculo maximizador abstracto. Kahneman y Tversky recogen ese problema, pero lo resuelven postulando arquitectura interna (el Sistema 1 y el Sistema 2, los heurísticos como procesos mentales). Ahí el camino se bifurca: se puede responder a Simon con mecanismos adentro de la cabeza o con análisis funcional de la interacción organismo-ambiente. K&T tomaron el primero; el análisis conductual, el segundo. Aun así, K&T describen esos heurísticos como sensibles al contexto del problema, no como defectos fijos del cerebro. Esa sensibilidad al contexto es lo que la divulgación posterior borró.
Eso, leído con cuidado, es muy valioso. Documentaron patrones de elección que la economía neoclásica juraba que no podían existir. El problema no son ellos. El problema es la cadena de divulgadores, consultores y twiteros que transformaron una descripción dependiente del contexto en una lista de defectos internos con nombres medio raros.
Y ahí está la trampa. Si lo vemos con lógica: Decir "elige la opción A en vez de la B porque tiene aversión a la pérdida" es exactamente lo mismo que decir "elige la opción A en vez de la B porque elige la opción A en vez de la B". El nombre técnico no agrega información, agrega solemnidad. Que es otra cosa.
¿Qué pasaría si analizáramos esto en serio?
La conducta de elección no necesita doscientos mecanismos internos escondidos en el cráneo. Necesita historia y contingencias actuales. Herrnstein (1961) lo demostró con bichos en cajas hace sesenta años: los organismos distribuyen su conducta en proporción a lo que cada alternativa les entrega. Si un esquema paga rápido y otro paga tarde, la conducta se desplaza al primero. Entonces no hay sesgo, hay reforzamiento. Y sí, el principio se formuló con palomas, pero su extensión a elección humana compleja ha sido trabajada durante décadas (Baum, McDowell), aunque esa discusión daría para otro post.
El llamado "descuento por demora" (la tendencia a valorar menos las recompensas que tardan en llegar) es un buen caso. La psicología pop lo dice como defecto cognitivo: "los humanos somos sesgados, valoramos mal el futuro".
Acá entra la distinción que Kantor, y después Ribes y López, dejaron clara y que la psicología cognitiva pop sigue ignorando: la historia es factor disposicional, no causa actual. Que un sujeto venga con cierta historia hace probable que elija de cierta forma, pero no es la historia la que está "dentro" eligiendo; es la interacción presente con el contexto.
Confundir descripción con causa es como ver caer manzanas y postular una "tendencia frutal a la caída". Le pusiste nombre, no explicaste nada. Newton hizo otra cosa: describió la relación funcional entre masas y distancia. Eso sí explica.
Si los sesgos fueran defectos del cerebro como tanto se repite, habría que entrenar al cerebro. Pero vamos, es TODO el organismo en contacto con el mundo el que ejecuta acciones, no sólo el cerebro. La industria de entrenamientos para "reducir sesgos" factura millones haciendo exactamente eso, con resultados que van de pobres a nulos cuando se mide a largo plazo (Lilienfeld et al., 2009). Si la elección está bajo control de contingencias, se deben tocar las contingencias.
Incluso dentro de la propia economía conductual, autores como Gigerenzer (2018) vienen mostrando hace años que muchos sesgos clásicos desaparecen cuando se reformulan los problemas en términos ecológicamente válidos. No es exactamente mi posición (Gigerenzer sigue hablando de heurísticos como mecanismos), pero coincide en un punto clave: lo que parecía error de cálculo del sujeto era, muchas veces, un problema mal planteado por el experimentador.
Y a todo esto se suma la crisis de replicación. Buena parte del catálogo no aguantó el escrutinio empírico de la última década (Open Science Collaboration, 2015). Pero los libros se siguen vendiendo con nombres que cautivan.
La industria de los sesgos cognitivos no sobrevive porque explique mejor la conducta. Sobrevive porque le da al lector la sensación reconfortante de entender algo, y al consultor, una etiqueta vendible.
El modelo conductual no tiene libros con títulos que nos saquen de onda. No tiene menciones de quince millones de vistas en Tiktok, y ya.
Referencias:
Gigerenzer, G. (2018). The bias bias in behavioral economics. *Review of Behavioral Economics. https://doi.org/10.1561/105.00000092
Herrnstein, R. J. (1961). Relative and absolute strength of response as a function of frequency of reinforcement. *Journal of the Experimental Analysis of Behavior
Lilienfeld, S. O., Ammirati, R., & Landfield, K. (2009). Giving debiasing away: Can psychological research on correcting cognitive errors promote human welfare? *Perspectives on Psychological Science https://doi.org/10.1111/j.1745-6924.2009.01144.x
Open Science Collaboration. (2015). Estimating the reproducibility of psychological science. Science, 349(6251), aac4716. https://doi.org/10.1126/science.aac4716
Palabras clave: Sesgos cognitivos, análisis funcional, mentalismo, ley de igualación, debiasing, crisis de replicación, contingencias ambientales, racionalidad limitada.
~Leonardo Necropdiosas
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