30/09/2021
Durante la Primera Guerra Mundial, la científica Marie Curie inventó una unidad móvil de rayos X, a la que llamaron "Petite Curie", y entrenó a 150 mujeres para operarla.
La investigadora sabía que en los campos de batalla el tiempo de reacción era crítico para curar a los soldados heridos, pero los médicos militares se veían obligados a trabajar con medios deficientes.
En concreto, los rayos X se habían convertido en una herramienta de enorme utilidad para los cirujanos desde su descubrimiento por Wilhelm Röntgen en 1895, pero las máquinas sólo estaban disponibles en los grandes hospitales. Curie se propuso llevar la radiología hasta las líneas del frente en automóviles con máquinas de rayos X portátiles.
No era una tarea fácil. Para comenzar, Curie era investigadora científica, no médico. Desconocía el manejo clínico de los rayos X, y ni siquiera sabía conducir. No solamente tuvo que aprender radiología, sino incluso a cambiar una rueda o limpiar un carburador.
Pese a todas las dificultades, Curie consiguió equipar su primer coche convertido en camión. Producía los rayos X con tubos de Crookes, que requieren una fuente de electricidad. Para ello, Curie adaptó una dinamo al motor del vehículo, el cual contaba además con material fotográfico y cuarto oscuro para revelar las placas.
El primer camión estuvo listo para trasladar a la propia investigadora al frente en la batalla de Marne (1914). Pero aquello era sólo el principio. Con el tiempo y el apoyo de amigas acaudaladas, Curie llegó a equipar 20 vehículos y a formar, con la ayuda de su hija Irène, a 150 mujeres encargadas de operar aquellas unidades móviles.
Se estima que la flota de los que pronto se conocieron como Petites Curies (Pequeños Curies), así como los 200 servicios fijos de radiología que la científica distribuyó por los hospitales de campaña, permitieron tratar a más de un millón de soldados heridos.