21/01/2026
🧑🧑🧒🧒 Cuando una adicción entra en una familia, rara vez lo hace de forma visible. No siempre hay escenas claras ni momentos concretos que lo expliquen todo. A veces lo primero que cambia es el ambiente: la forma de hablar, de estar, de mirar al otro.
Poco a poco, la convivencia se adapta. Se ajustan rutinas, se evitan ciertos temas, se aprende a callar para que el día siga. No porque no importe, sino porque sostener la situación exige mucha energía emocional.
El impacto no depende de entender lo que ocurre. Incluso quienes no pueden ponerle nombre perciben la tensión, la ausencia o la tristeza que se instala alrededor. Hablamos de los más pequeños de la casa, a quienes muchas veces se les hace cargar con un peso que no pueden.
👉 Por eso, recuperarse no es solo dejar de consumir. Es volver a mirar lo que se ha vivido en casa, revisar los vínculos y aprender nuevas formas de acompañarse.