21/04/2026
No todas las preocupaciones son iguales, por eso, es importante aprender a distinguirlas para poder afrontarlas de una manera más sana.
Existen preocupaciones reales, aquellas sobre las que puedes actuar, tomar decisiones y dar pasos concretos. En estos casos, planificar y pasar a la acción ayuda a reducir la ansiedad y recuperar la sensación de control.
Por otro lado, están las preocupaciones hipotéticas: pensamientos en forma de “¿y si…?” que anticipan situaciones que no están ocurriendo y que, en la mayoría de los casos, no dependen de ti. Intentar resolverlas solo aumenta el malestar ya que en muchas ocasiones se escapan de lo que puedes manejar, incluso no están en el presente.
La clave está en hacer una pausa y preguntarte: ¿Puedo hacer algo ahora mismo sobre esto?
Si la respuesta es sí: Establece un plan de acción ajustado a tus realidad y,si puedes, actúa. En cuanto hay plan, la preocupación baja
Si la respuesta es no, suelta. No todas las preocupaciones merecen tu energía, no es ignorar ni reprimir, es no engancharte a algo que no puedes cambiar (al menos por ahora).
¿Y sómo suelto la preocupación? Sin duda no es algo fácil, pero hay estrategias para entrenarlo:
1. Etiquetar el pensamiento: “Esto es una preocupación hipotética”. Parece simple, pero crea distancia.
2. Posponerla: “Ahora no, ya pensaré en esto a las 19:00”. Marcar el límite entrena el control mental.
3. Volver al presente: Haz algo físico o concreto (respirar lento, cambiar de actividad, fijarte en lo que estás haciendo)
4. Aceptar la incertidumbre: No puedes eliminar el “¿y si…?” pero sí puedes aprender a vivir sin responderlo