14/03/2026
Hoy, 14 de marzo, es el Día Mundial de la Endometriosis.
Para mí, esta enfermedad tiene dos caras.
La personal.
La de años conviviendo con ese dolor que me tumbaba en la cama todos los meses y me decían que era normal. Ese dolor que ha evolucionado a un dolor pélvico crónico. A ese dolor que me acompaña todos y cada uno de mis días. Ese dolor con el que me duermo y me despierto. La endometriosis hace tener días en los que tu propio cuerpo parece ir en tu contra y en los que hacer vida normal se vuelve mucho más difícil de lo que debería.
Aprender a vivir con una enfermedad invisible e infravalorada es todo un reto para quienes lo vivimos.
Los síntomas no siempre se ven, pero están ahí.
También es agotador explicar continuamente cuál es tu patología porque muy pocas personas la conocen, cuando sabemos que somos 1 de cada 10 las que vivimos con ella.
Y luego está la otra cara.
La profesional.
La de abrir la puerta de mi consulta y encontrarme cada día con mujeres que también conviven con endometriosis.
Mujeres que llegan cansadas de normalizar el dolor, de no sentirse escuchadas o de pensar que tienen que aguantar.
Mujeres que veo como mejoran sus síntomas gracias al abordaje nutricional, sentir que mi granito de arena mejora su calidad de vida enormemente. Es tan gratificante esa parte.
Especializarme en endometriosis me ha permitido llegar de forma online a diferentes zonas del mundo, algo que nunca creí posible cuando inicié este camino.
Nunca habría elegido tener endometriosis.
Pero sí he elegido que mi experiencia me permita acompañar a otras mujeres desde un lugar mucho más real.
Porque vivir con endometriosis ya es suficientemente difícil como para hacerlo sintiéndote sola.
Y no, no lo estás.💛